CASA DE SOLIS
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La Casa de Solís se encuentra en la Plaza de San Benito, en pleno corazón del casco histórico de Salamanca. Esta residencia nobiliaria fue levantada en el siglo XVI por la familia Solís, uno de los linajes más influyentes de la sociedad salmantina de la época. Su elemento más destacado es la fachada, construida en sillería de piedra arenisca, ya que del interior original solo se conserva algún artesonado. De estilo plateresco, la fachada exhibe los escudos heráldicos de los Solís y de otras familias emparentadas. En la actualidad, el edificio pertenece a la Universidad de Salamanca y acoge el Servicio de Publicaciones de la institución.
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Durante la primera mitad del siglo XVI, Salamanca vivió una etapa de esplendor impulsada por el auge de su Universidad. Fue en este periodo cuando se construyeron numerosos conventos, colegios mayores y edificios universitarios que transformaron la ciudad en una urbe renacentista, dejando atrás progresivamente su fisonomía medieval. Simultáneamente, la nobleza se sumó a la nueva moda renacentista, sustituyendo sus antiguas casas fuertes torreadas por casas nobles y elegantes palacios renacentistas. Las Plazas de San Adrián, Santo Tomé y San Benito concentraron gran parte de estos nuevos palacios en el siglo XVI.
La plaza de San Benito es uno de los rincones que mejor ha sabido preservar su esencia a lo largo de los siglos. No obstante, su aspecto actual responde a la profunda renovación de los edificios que la rodeaban en el siglo XVI. A comienzos de esa centuria, gracias al mecenazgo del arzobispo Fonseca, la antigua parroquia románica fue completamente reconstruida y transformada en un magnífico ejemplo de arquitectura hispanoflamenca. Con el paso del tiempo, la fisonomía de la plaza cambió de forma notable: por un lado, las grandes dimensiones del nuevo templo redujeron considerablemente el espacio abierto; por otro, los palacios que la cerraban por el oeste desaparecieron con la construcción del Colegio de la Compañía y del Convento de las Agustinas.
A pesar de estas transformaciones, aún se conservan los palacios situados en el recodo noreste de la plaza. El del comunero Pedro Maldonado fue convertido en el siglo XVI en el convento de la Madre de Dios, mientras que los palacios contiguos de Diego Maldonado y de Solís pertenecen hoy a la Universidad de Salamanca.
Del Palacio de Solís sabemos, gracias al historiador Álvarez Villar, que en 1525 era propiedad de Melén Suárez de Solís. Ese mismo año instituyó mayorazgo a favor de su hijo Francisco de Solís, vinculando a él su casa principal, situada en la colación de San Benito y lindante con la vivienda del camarero Maldonado. Lo que no resulta del todo claro es si la casa actual corresponde a la mencionada en el documento de creación del mayorazgo o si fue reconstruida posteriormente por el propio Francisco.
Durante siglos, el edifico se utilizó como vivienda particular. En 1933 fue convertido en dispensario de la Cruz Roja, junto con el contiguo Palacio de Diego Maldonado. Ambos inmuebles fueron adquiridos en 1987 por la Junta de Castilla y León, que los cedió a la Universidad de Salamanca. La última reforma importante se llevó a cabo entre 1989 y 1991 para adaptarlo a su uso actúa. El estado ruinoso que presentaba su interior sólo permitió conservar las fachadas y alguno de los artesonados de madera. En la fachada de la Calle Meléndez se mantuvo el mirador acristalado, fruto de una reforma efectuada hacia 1920. Hoy, el edificio alberga el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Salamanca.
La plaza de San Benito es uno de los rincones que mejor ha sabido preservar su esencia a lo largo de los siglos. No obstante, su aspecto actual responde a la profunda renovación de los edificios que la rodeaban en el siglo XVI. A comienzos de esa centuria, gracias al mecenazgo del arzobispo Fonseca, la antigua parroquia románica fue completamente reconstruida y transformada en un magnífico ejemplo de arquitectura hispanoflamenca. Con el paso del tiempo, la fisonomía de la plaza cambió de forma notable: por un lado, las grandes dimensiones del nuevo templo redujeron considerablemente el espacio abierto; por otro, los palacios que la cerraban por el oeste desaparecieron con la construcción del Colegio de la Compañía y del Convento de las Agustinas.
A pesar de estas transformaciones, aún se conservan los palacios situados en el recodo noreste de la plaza. El del comunero Pedro Maldonado fue convertido en el siglo XVI en el convento de la Madre de Dios, mientras que los palacios contiguos de Diego Maldonado y de Solís pertenecen hoy a la Universidad de Salamanca.
Del Palacio de Solís sabemos, gracias al historiador Álvarez Villar, que en 1525 era propiedad de Melén Suárez de Solís. Ese mismo año instituyó mayorazgo a favor de su hijo Francisco de Solís, vinculando a él su casa principal, situada en la colación de San Benito y lindante con la vivienda del camarero Maldonado. Lo que no resulta del todo claro es si la casa actual corresponde a la mencionada en el documento de creación del mayorazgo o si fue reconstruida posteriormente por el propio Francisco.
Durante siglos, el edifico se utilizó como vivienda particular. En 1933 fue convertido en dispensario de la Cruz Roja, junto con el contiguo Palacio de Diego Maldonado. Ambos inmuebles fueron adquiridos en 1987 por la Junta de Castilla y León, que los cedió a la Universidad de Salamanca. La última reforma importante se llevó a cabo entre 1989 y 1991 para adaptarlo a su uso actúa. El estado ruinoso que presentaba su interior sólo permitió conservar las fachadas y alguno de los artesonados de madera. En la fachada de la Calle Meléndez se mantuvo el mirador acristalado, fruto de una reforma efectuada hacia 1920. Hoy, el edificio alberga el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Salamanca.
Ente las calles Meléndez y Compañía se encuentra la Plaza de San Benito, un rincón excepcional que conserva casi intacto el sabor de siglos pasados. Aunque se encuentra en pleno corazón del casco histórico, permanece discretamente oculta a la vista de los turistas que recorren las calles principales. El espacio está dominado por la imponente presencia de la iglesia de San Benito, rodeada de palacios que datan de inicios del siglo XVI.
La fachada del Palacio de Solís, realizada en cuidada sillería de arenisca, concentra todo el interés del edificio. La puerta ocupa una posición central en la fachada. Es un vano adintelado, con grandes dovelas que quedan enmarcas por un friso soportado por finas columnillas estriadas, a modo de alfiz. El friso luce una bella decoración de grutescos y se remata con dos flameros en llamas que flanquean la ventana de la planta noble. Por cierto, según relata Julián Álvarez Villar, el hispanista Arthur Byne quiso comprar esta ventana en 1931 para Williams Randolph Hearts, el multimillonario norteamericano que inspiró a Orson Welles la película Ciudadano Kane, con el objeto de trasladarla a su residencia de San Simón en California.
Sobre la ventana se encuentra el escudo de los Solís, con un sol radiante inscrito en una corona de laurel. En las enjutas del dintel aparecen los blasones que reflejan los entronques familiares: a la derecha, los de Anaya, Monroy, Abarca y Díaz de Ledesma; a la izquierda, los de Solís, Zúñiga, Maldonado y Rodríguez. Estas alianzas de la familia Solís son anteriores a 1540. La galería formada por claraboyas circulares que corona la fachada parece ser una adición posterior, probablemente del siglo XVII, época en la que se documentan obras en la casa y un recrecimiento de la fachada.
Del edificio original apenas se conserva nada en el interior. En la planta noble se recuperó y restauró un forjado que, presumiblemente, data del siglo XVI.
La fachada del Palacio de Solís, realizada en cuidada sillería de arenisca, concentra todo el interés del edificio. La puerta ocupa una posición central en la fachada. Es un vano adintelado, con grandes dovelas que quedan enmarcas por un friso soportado por finas columnillas estriadas, a modo de alfiz. El friso luce una bella decoración de grutescos y se remata con dos flameros en llamas que flanquean la ventana de la planta noble. Por cierto, según relata Julián Álvarez Villar, el hispanista Arthur Byne quiso comprar esta ventana en 1931 para Williams Randolph Hearts, el multimillonario norteamericano que inspiró a Orson Welles la película Ciudadano Kane, con el objeto de trasladarla a su residencia de San Simón en California.
Sobre la ventana se encuentra el escudo de los Solís, con un sol radiante inscrito en una corona de laurel. En las enjutas del dintel aparecen los blasones que reflejan los entronques familiares: a la derecha, los de Anaya, Monroy, Abarca y Díaz de Ledesma; a la izquierda, los de Solís, Zúñiga, Maldonado y Rodríguez. Estas alianzas de la familia Solís son anteriores a 1540. La galería formada por claraboyas circulares que corona la fachada parece ser una adición posterior, probablemente del siglo XVII, época en la que se documentan obras en la casa y un recrecimiento de la fachada.
Del edificio original apenas se conserva nada en el interior. En la planta noble se recuperó y restauró un forjado que, presumiblemente, data del siglo XVI.