Salamanca
Salamanca

IERONIMUS

1 hora 30 minutos

El recorrido por el interior de las torres de la catedral toma toma su nombre - Ieronimus- de Jerónimo de Perigueux, clérigo francés y capellán del Cid Campeador, que fue nombrado obispo de Salamanca el año 1102, durante la repoblación cristiana de la ciudad promovida por el rey Alfonso VI. Fue inaugurado el año 2002, con motivo de la nominación de Salamanca como Capital Europea de la Cultura.

El recorrido de Ieronimus es una experiencia envolvente que va desvelando, paso a paso, rincones sorprendentes de las catedrales de Salamanca. Desde la Sala del Alcaide, donde una ventana geminada enmarca la silueta de la Catedral Vieja, hasta la impresionante terraza de la Torre Mocha, el visitante se sumerge en un paisaje de torres, cúpulas y elementos arquitectónicos que cuentan siglos de historia.

El camino continúa por el andén de la Catedral Nueva y asciende por una estrecha escalera de caracol hasta su terraza occidental, un privilegiado mirador desde el que Salamanca se despliega en toda su belleza. La experiencia se vuelve aún más sorprendente cuando se accede a los espacios situados sobre las bóvedas de la Catedral Nueva, donde una sugerente proyección audiovisual nos permite sobrevolar el interior del templo. La visita culmina con la subida al campanario, donde, entre muros cargados de historia, se abre una panorámica espectacular que abarca toda la ciudad y sus alrededores, poniendo el broche final a un recorrido tan fascinante como inolvidable.

Hoy, Ierónimus se ha consolidado como uno de los espacios más visitados de Salamanca y una de sus propuestas culturales más emblemáticas, combinando historia, arquitectura y una experiencia visual incomparable.

Las Torres de la Catedral son uno de los emblemas de Salamanca. Desde lejos dibujan el perfil de la ciudad y marcan su horizonte; de cerca, con casi cien metros de altura, se imponen con rotundidad sobre el entramado urbano del casco histórico. Recorrer su interior nos permite descubrir la historia de su construcción y adentrarnos en nueve siglos de arte e historia a través de la exposición Ieronimus.

El origen de esta fascinante propuesta se remonta a finales del siglo XX, cuando comenzaron los trabajos de restauración de las torres de la catedral. Poco después, la colaboración entre el Cabildo Catedralicio y el Ayuntamiento de Salamanca permitió abrir al público un nuevo espacio patrimonial que tomó su nombre del primer prelado de la diócesis restaurada en 1102. A lo largo de más de veinte años, los espacios visitables se han ampliado y los contenidos expositivos se han renovado de forma constante.

Ieronimus no es solo un recorrido por el interior de las torres de la Catedral de Salamanca; es, sobre todo, un viaje a través de la historia del arte occidental y una inmersión en las entrañas de esos prodigiosos ingenios arquitectónicos que son las catedrales. El itinerario nos acerca al trabajo de arquitectos, canteros, vidrieros y todos aquellos artesanos y artistas que durante siglos modelaron estos espacios. Contemplar su legado inevitablemente nos hace preguntarnos por qué realizaron un trabajo tan meticulosos en espacios inaccesibles para quienes no formaban parte de la vida de la Catedral.

A medida que avanzamos, cada estancia sorprende más que la anterior. La primera gran maravilla es ver la Catedral Vieja desde la Sala del Alcaide: a través de una ventana geminada se abre una panorámica magnífica del templo, con el retablo de los hermanos Delli al fondo. El acceso a la terraza exterior de la Torre Mocha constituye por sí mismo un espectáculo: los dos templos catedralicios se despliegan ante nosotros, con almenas, arbotantes y pináculos que narran siglos de arquitectura religiosa. Destacan especialmente el cimborrio de la Catedral Vieja —la célebre Torre del Gallo— y, sobre él, recortada en el cielo, la cúpula de la Catedral Nueva. Solo por este momento la subida ya habría merecido la pena, pero el recorrido continúa, siempre sorprendente. Ieronimus parece inagotable, cada pocos años ofrece nuevas estancias y experiencias.

Recorrer el andén situado a los pies de la Catedral Nueva regala una vista imponente del templo nuevo. Subir por la escalera de caracol hasta la terraza de la fachada occidental de la Catedral Nueva es asomarse al mejor “balcón” de la ciudad. Salamanca se extiende bajo nuestros pies: desde el Cerro de San Vicente, origen de la ciudad, pasando por la Universidad, el Colegio Mayor Fonseca, el antiguo Colegio de los Jesuitas y la Plaza de Anaya con el Colegio Mayor de Anaya, hasta finalizar con el Convento de San Esteban.

Al avanzar por la terraza, una pequeña puerta abierta en el imafronte de la Catedral Nueva conduce a la bajocubiera, un espacio hasta ahora oculto y vedado al público. Una pasarela permite caminar sobre el extradós de la bóveda de la nave central y bajo las cubiertas del templo. Allí, una bellísima proyección audiovisual invita a “volar” sobre la catedral y descubrir detalles invisibles desde el suelo.

La visita culmina con la subida al Campanario. Una estrecha escalera de caracol nos conduce hasta la Sala del Reloj y desde allí hasta el cuerpo de campanas donde las advocaciones grabadas en los muros nos hablan de la religiosidad de un espacio sólo accesible en otros tiempos a los campaneros. Desde aquí se domina visualmente toda la ciudad y gran parte de la provincia.

Compra de entradas

Leer Más
Catedral Conjunto de inter
Edificio religioso: Iglesias, conventos, mezquitas, sinagogas y templos
Iglesia
lugar histórico
Mirador
Patrimonio de la humanidad
Punto de interés turístico
Torre
Precio visita libre
  • Individual - 4.00 €
  • Grupos (Número mínimo: 20) - 3.50 €
  • Niños (Edad máxima: 10) - 0.00 €