IGLESIA DE LA CLERECIA Y UNIVERSIDAD PONTIFICIA
30 minutosEl imponente conjunto formado por la Iglesia de la Clerecía y la Universidad Pontificia de Salamanca tiene su origen en el Real Colegio del Espíritu Santo, fundado en el siglo XVII por iniciativa de Felipe III y Margarita de Austria para la Compañía de Jesús, con el propósito de formar misioneros.
Su construcción se prolongó durante más de ciento cincuenta años, iniciándose bajo la dirección de Juan Gómez de Mora y finalizandose en el siglo XVIII con la intervención de Andrés García de Quiñones. Se trata de un destacado monumento, considerado una de obra maestra del barroco europeo. La iglesia fue dedicada al Espíritu Santo por deseo expreso de la reina Margarita de Austria. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio se dividió: la iglesia pasó a manos de la Real Clerecía de San Marcos, otra parte se destinó a estudiantes irlandeses y el resto quedó como seminario.
Durante el siglo XIX, especialmente en la Guerra de la Independencia, fue utilizado en diversas ocasiones como cuartel y hospital por las tropas establecidas en la ciudad. Más tarde recuperó su función de seminario, hasta convertirse, desde 1940, en la sede principal de la Universidad Pontificia de Salamanca.
En la actualidad, la universidad ofrece visitas guiadas al conjunto, permitiendo conocer su historia y patrimonio. Además, es posible ascender a las torres de la iglesia mediante el recorrido de Scala Coeli, desde el que se obtienen vistas panorámicas excepcionales de Salamanca.
Precio visita libre
- Individual - 4.00 €
- Niños (Edad máxima: 12) - 0.00 €
- Grupos - 3.00 €
El majestuoso conjunto arquitectónico que hoy conforman la Iglesia de la Clerecía y la Universidad Pontificia fue en origen en el Real Colegio del Espíritu Santo, fundado a principios del siglo XVII por iniciativa de los reyes de España, Felipe III y Margarita de Austria, para la Compañía de Jesús.
La presencia de la Compañía en Salamanca se remonta al siglo XVI, cuando un joven Ignacio de Loyola intentó, sin éxito, estudiar en la Universidad de Salamanca. A finales del siglo XVI los jesuitas comenzarán la construcción de un gran colegio en la zona de Peñuelas de San Blas, en el que residirán hasta 1665, año en el que se trasladarán al nuevo colegio de la Calle Compañía.
El origen del colegio se remonta a inicios del siglo XVII cuando, tras la visita de los monarcas a Salamanca, la reina tomó la decisión de fundar un nuevo colegio para la Compañía de Jesús, con el propósito de formar misioneros destinados a la evangelización en América y en Europa. La construcción se prolongó durante más de ciento cincuenta años. El resultado fue un conjunto arquitectónico de excepcional magnitud, considerado una obra maestra del barroco europeo.
El arquitecto elegido para realizar la obra fue Juan Gómez de Mora, arquitecto real de Felipe III. Gómez de Mora diseñó los planos entre 1616-1618, sobre los que luego otros arquitectos introducirán modificaciones, iniciándose la construcción en 1617. Las obras comenzaron por la Iglesia siguiendo la tipología jesuítica de una nave con capillas laterales y crucero. La configuración final del interior del edificio se hará en el siglo XVIII. Será el arquitecto Andrés García de Quiñones quién termine la fachada de la iglesia y construya el claustro principal, la escalera noble y el General de Teología (hoy Paraninfo de la Universidad Pontificia).
Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio se dividió en tres partes. La Iglesia y la Sacristía fueron entregadas a la Real Clerecía de San Marcos, dando origen a su nombre actual. El ala meridional, organizada en torno al claustro de la comunidad, fue destinada a los estudiantes irlandeses, recibiendo el nombre popular de “La Irlanda”. En la actualidad, ese claustro alberga la biblioteca Vargas Zúñiga, así como aulas y despachos de la Universidad Pontificia. Por su parte, el colegio, estructurado alrededor del claustro principal, pasó a convertirse en sede del Seminario Conciliar.
Cuando los jesuitas fueron expulsados, aún quedaba por concluir la fachada de la portería principal del colegio, tarea que emprendió el obispo Felipe Beltrán. La obra no se finalizó hasta doce años después de la expulsión, como lo confirma la inscripción situada sobre el escudo del obispo Beltrán (Anno MDCCLXXIX).
Durante el siglo XIX, y especialmente durante la Guerra de la Independencia, el edificio fue utilizado en varias ocasiones como cuartel y hospital por las tropas acantonadas en la ciudad. Posteriormente, retomó su función como seminario y, desde 1940, se convirtió en la sede principal de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Desde el punto de vista artístico, la Iglesia y el Colegio representan los elementos más destacados de este gran conjunto arquitectónico. Ambos espacios, junto con el recorrido por las torres de la iglesia (Scala Coeli), están abiertos al público, brindando a los visitantes una experiencia única para adentrarse en su historia.
EL EXTERIOR DEL COLEGIO
Desde su privilegiada ubicación, en pleno casco histórico y en lo alto del Teso de las Catedrales, el Colegio Real del Espíritu Santo domina toda la ciudad histórica. Ocupa una extensa manzana de la ciudad con fachadas a la Calle Compañía, a la que da nombre, y a las de Serranos y Cervantes. Los paramentos exteriores, recorridos por cientos de ventanas colocadas en hileras superpuestas, recuerdan a los del Monasterio de El Escorial. Cuando se observa desde la distancia destacan dos largos pabellones con galerías situados al norte y sur del edificio.
El colegio se estructura en torno al gran Claustro de Estudios, con la iglesia situada al mediodía. En el lado oriental, hacia la calle Cervantes, se encuentra el claustro menor, hoy ocupado por la biblioteca Vargas Zúñiga de la Universidad Pontifica.
LA FACHADA DE LA IGLESIA
La fachada queda encajonada en la Calle Compañía, frente a la Casa de las Conchas. Mediante su articulación arquitectónica, a base de columnas de orden gigante y grandes entablamentos, rompe la monotonía de los muros exteriores. Su crecimiento en altura refleja la evolución del edificio desde la sobriedad manierista de las puertas adinteladas hasta la gran barroquización de las torres y espadaña. Se estructura como si fuese un gran retablo dividido en dos cuerpos y tres calles, individualizadas por columnas de orden gigante. Se remata con las imponentes torres que flanquean la espadaña con el relieve de la Venida del Espíritu Santo.
En el primer cuerpo del templo, sobre las puertas laterales, destacan los escudos de Felipe III. La hornacina central, situada sobre la puerta principal, acoge la imagen de San Ignacio de Loyola.
La incorporación de las torres acentuó el carácter barroco de la fachada. Diseñadas por García de Quiñones, presentan dos cuerpos superpuestos con ventanas en cada una de sus cuatro caras. Las esquinas se rematan con pináculos y pares de estatuas realizadas por Gregorio Carnicero que representan a las cuatro Virtudes Teologales y Cardinales, los Padres de la Iglesia y diversos santos de la Compañía.
LA CÚPULA
La cúpula, de planta octogonal y con más de 50 m. de altura, es uno de los elementos más impresionantes del conjunto. Sin embargo, desde el punto de vista técnico, presenta ciertas deficiencias por lo que ha tenido que ser restaurada en varias ocasiones, especialmente tras el terremoto de Lisboa de 1755, cuyos efectos provocaron grietas y desplomes .
PORTADA DEL COLEGIO
Jerónimo García de Quiñones fue el encargado de completar la portada del colegio tras la expulsión de los jesuitas, momento en el que el edificio pasó a ser Seminario Conciliar.
La portada se eleva sobre el nivel de la calle y su acceso se realiza a través de una escalinata de doble tiro. Su estructura sigue el modelo de fachada-retablo, articulada en dos cuerpos separados por un robusto entablamento. En la parte inferior, dos estilizadas semicolumnas enmarcan el conjunto, mientras que sobre la puerta destaca el escudo del obispo Beltrán, acompañado de una inscripción que señala la fecha de su construcción. En el segundo cuerpo, sobre la ventana central, se encuentra el escudo de Carlos III.
LA IGLESIA
La construcción de la iglesia comenzó el año 1617 y fue consagrada en 1665. Sigue la tipología jesuítica de una nave con capillas laterales, comunicadas entre sí mediante puertas adinteladas. Sobre las capillas están las tribunas, abiertas a la iglesia mediante puertas con balcones. Fue diseñada y construida hasta el nacimiento de las bóvedas por Juan Gómez de Mora, y es aquí donde mejor se aprecia la influencia del Escorial. Sobre el crucero se alza la enorme cúpula, cuyas pechinas lucen esculpidos los escudos de Felipe III.
El interior de la iglesia se decoró con 10 retablos, destacando sobre todos el de la capilla mayor. Fue realizado por Juan Fernández entre 1673 y 1675 en un estilo prechurrigueresco. Tiene 22 metros de altura y su cuerpo central lo recorren enormes columnas salomónicas. En la calle central destacan el altorrelieve de la Venida del Espíritu Santo, flanqueado por las esculturas que representan a los Padres de la Iglesia Latina. El ático lo preside el relieve de la Virgen inspirando los Ejercicios Espirituales a San Ignacio. Los retablos del crucero fueron consagrados a S. Francisco Javier y a San Ignacio de Loyola. Cada una de las siete capillas laterales se decora con grandes retablos barrocos con distintas advocaciones. Destacando los dedicados a Santa Catalina de Alejandría, a la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel y a Santiago.
En esta iglesia tienen su sede canónica dos Hermandades Penitenciales que participan en la Semana Santa salmantina:
• La Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz y Ntra. Sra. Madre de la Sabiduría. Fundada en 1948.
• La Hermandad de N.P. Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas. Fundada en 1948. El Flagelado es una magnífica obra de Luis Salvador Carmona (1760). Fue realizado para el retablo de la sacristía, que hoy tiene uso académico, por lo que se ha colocado en la iglesia, sobre el altar del retablo de Santa Catalina.
PLANTA NOBLE DEL CLAUSTRO
Las galerías interiores de la planta noble del claustro están cubiertas por bóvedas de cañón con lunetos. Sobre las puertas de los ángulos destacan lienzos con retratos de cardenales y obispos de la Compañía de Jesús.
Los muros de las galerías están decorados con 28 lienzos que narran la vida de San Ignacio de Loyola. Fueron realizados en Roma, en el taller de Sebastián Conca, a mediados del siglo XVIII.
AULA MAGNA
En la planta noble del claustro, junto a la escalera principal, se abre el General de Teología, hoy Paraninfo de la Universidad Pontificia. El general de teología fue terminado en 1746 por A. García de Quiñones.
Es una amplia sala de forma rectangular, cuya bóveda está ricamente ornamentada con yeserías y estucos entre los que se entremezclan figuras alegóricas e inscripciones en latín. En lo alto de la bóveda están representados los cuatro Doctores de la Iglesia Latina, intercalados con los escudos de Felipe III y Margarita de Austria. En el luneto del testero se representa al P. Diego Lainez exponiendo su defensa del Misterio de la Inmaculada ante el Concilio de Trento y, en el de los pies, a la Sabiduría y a San Ignacio enviando a sus hijos a evangelizar y a enseñar por todo el orbe.
ESCALERA PRINCIPAL
Se debe también a Andrés García de Quiñones y está cubierta por una bóveda de paños cuajados de estucos con escudos policromados de los fundadores. Es una espectacular escalera volada de nueve tramos. El precedente de esta escalera se encuentra en la que Rodrigo Gil de Hontañón realizó para el convento dominico de San Esteban a mediados del siglo XVI.
CLAUSTRO DE LOS ESTUDIOS
El Colegio alberga un monumental claustro barroco, obra de Andrés García de Quiñones. Su estructura se compone de tres cuerpos, los dos primeros recorridos por columnas de orden gigante similares a las de la fachada. Sólo en el nivel inferior las galerías tienen arcos abiertos al patio. La planta noble tiene balcones con puertas coronados por óculos apaisados. Es en este cuerpo donde se concentra la decoración, destacando dos escudos del rey Felipe V en cada lado.
Cada año, cuando acaba el curso, este claustro sirve de marco incomparable para la foto de los jóvenes que se graduan en las facultades que tienen su sede en este edifico.
En la planta noble del claustro del antiguo Colegio de la Compañía de Jesús en Salamanca (Universidad Pontificia) se exponen veintiocho lienzos que narran los episodios más importantes de la vida de San Ignacio de Loyola (Vita Ignatii). Fueron encargados a mediados del s. XVIII al pintor italiano Sebastián Conca. El ciclo pictórico abarca el período comprendido entre 1521, cuando San Ignacio resulta herido durante la defensa de la fortaleza de Pamplona, y 1556, año en el que fallece.
Cada uno de los cuadros cuenta escenas relevantes de la vida del fundador de la Compañía. El primero muestra la fortaleza de Pamplona en 1521, cuando Ignacio cae herido en una pierna. Durante su convalecencia, a raíz de la lectura de libros de vidas de santos, se produce un cambio radical en su vida. Abandona su casa, deja la milicia y decide peregrinar a Jerusalén. Antes de partir hacia Jerusalén escribe los Ejercicios Espirituales en Manresa. A su vuelta decide estudiar y pasa por las universidades de Alcalá, Salamanca y París. En esta última ciudad, en la iglesia de Saint Denis, Ignacio y sus compañeros ponen los pilares de lo que será la Compañía de Jesús. Después viaja a Roma, ciudad representada en las escenas de La Visión de la Storta y en el Reconocimiento de la Compañía por el Papa. Así, una a una, se van sucediendo escenas de milagros y visiones. Momentos relevantes fueron el Ingreso de San Francisco de Borja en la Compañía o el Envío de San Francisco Javier a las Indias. El ciclo acaba con la escena de la Muerte de San Ignacio y la elevación de su alma al cielo.