PLAZA DE LOS SEXMEROS DE LA TIERRA
30 minutos
La Plaza de Sexmeros es un rincón apacible y discreto, con una fuente en el centro, ubicado a escasos metros de la Plaza Mayor. Su nombre proviene del antiguo palacio de los Rodríguez de Villafuerte, Condes de Grajal, que en el siglo XVIII pasó a ser propiedad de los Sexmeros de la Tierra. A pesar de su cercanía a la Gran Vía y a la Plaza Mayor, los muros de la iglesia de San Julián la resguardan del ajetreo urbano. Hoy en día, este espacio acoge terrazas, bares y restaurantes, lo que lo convierte en una zona de ocio animada, pero a la vez tranquila, en pleno corazón de la ciudad.
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Precio visita libre
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La Plaza de Sexmeros es un rincón recogido y tranquilo donde el tiempo parece haberse detenido.
Este lugar conserva la esencia de las antiguas plazas, con su fuente central y un entorno de edificaciones que respiran historia. A esta plaza mira la única fachada románica que se mantiene del antiguo templo medieval de San Julián. En el muro de la iglesia, una singular inscripción grabada en una placa de pizarra lanza una reflexión inquietante a quienes por aquí pasan: “Los que dan consejos ciertos a los vivos son los muertos”. Esta frase nos recuerda que aquí se encontraba el osario de la parroquia, vestigio de una época en la que los cementerios aún no existían fuera de las poblaciones y los difuntos eran enterrados en el interior de las iglesias o en las plazas contiguas.
La inscripción situada sobre la puerta de la Casa de los Sexmeros de la Tierra, informa de que en 1713 la casa pasó a ser propiedad de los Sexmeros de la Tierra, los cuatro concejales que en el ayuntamiento representaban a las comarcas campesinas que dependían de la ciudad, los Cuartos de la Tierra. Cuando lo adquiera la Cámara de Comercio el edificio fue rehecho en su totalidad, integrándose en su estructura multitud de piezas procedentes de casas y palacios desaparecidos, asegurando de este modo su conservación.
El inmueble situado inmediatamente a la derecha, construido en 1708, servía de panera. Desde el siglo XIX hasta 1917 se utilizó como escuela. En 1917 lo adquiere González del Rey para instalar la tienda de muebles conocida como Casa de la Tierra. La Cámara de Comercio lo compró en 1987, quedando de nuevo incorporado al edificio al que había pertenecido originariamente.
En esta zona de la ciudad se ha conservado un interesante conjunto de edificios tardomedievales que sobrevivieron a la transformación brutal que tuvo el casco histórico a lo largo del siglo XX. La plazoleta que forma la Calle del Clavel, antes de desembocar en la de Sexmeros, está rodeada de edificios cuyas piedras delatan su antigüedad: escudos, ventanas con conopios, puertas y cornisas dan testimonio de ello.
Uno de los edificios más interesantes de la zona forma parte de la misma manzana aunque su fachada mira a la Calle Correhuela. Está construido con buena sillería de Villamayor, tiene puerta con arcos de medio punto y escudo sobre ella. El capelo, la cruz y las borlas delatan su vínculo con un obispo.
Este lugar conserva la esencia de las antiguas plazas, con su fuente central y un entorno de edificaciones que respiran historia. A esta plaza mira la única fachada románica que se mantiene del antiguo templo medieval de San Julián. En el muro de la iglesia, una singular inscripción grabada en una placa de pizarra lanza una reflexión inquietante a quienes por aquí pasan: “Los que dan consejos ciertos a los vivos son los muertos”. Esta frase nos recuerda que aquí se encontraba el osario de la parroquia, vestigio de una época en la que los cementerios aún no existían fuera de las poblaciones y los difuntos eran enterrados en el interior de las iglesias o en las plazas contiguas.
La inscripción situada sobre la puerta de la Casa de los Sexmeros de la Tierra, informa de que en 1713 la casa pasó a ser propiedad de los Sexmeros de la Tierra, los cuatro concejales que en el ayuntamiento representaban a las comarcas campesinas que dependían de la ciudad, los Cuartos de la Tierra. Cuando lo adquiera la Cámara de Comercio el edificio fue rehecho en su totalidad, integrándose en su estructura multitud de piezas procedentes de casas y palacios desaparecidos, asegurando de este modo su conservación.
El inmueble situado inmediatamente a la derecha, construido en 1708, servía de panera. Desde el siglo XIX hasta 1917 se utilizó como escuela. En 1917 lo adquiere González del Rey para instalar la tienda de muebles conocida como Casa de la Tierra. La Cámara de Comercio lo compró en 1987, quedando de nuevo incorporado al edificio al que había pertenecido originariamente.
En esta zona de la ciudad se ha conservado un interesante conjunto de edificios tardomedievales que sobrevivieron a la transformación brutal que tuvo el casco histórico a lo largo del siglo XX. La plazoleta que forma la Calle del Clavel, antes de desembocar en la de Sexmeros, está rodeada de edificios cuyas piedras delatan su antigüedad: escudos, ventanas con conopios, puertas y cornisas dan testimonio de ello.
Uno de los edificios más interesantes de la zona forma parte de la misma manzana aunque su fachada mira a la Calle Correhuela. Está construido con buena sillería de Villamayor, tiene puerta con arcos de medio punto y escudo sobre ella. El capelo, la cruz y las borlas delatan su vínculo con un obispo.
Este rincón guarda incontables recuerdos de épocas pasadas. Quienes llegan desde la Plaza Mayor por la Calleja V. Ruíz Aguilera, se adentran en esta plazuela a través de la angosta Calle del Clavel, que en siglos anteriores era conocida como la Calle del Cuerno. Allí donde la calle del Clavel se ensancha formando una recoleta plazuela, se alza la iglesia de San Julián, antigua parroquia de origen románico, completamente reconstruida durante los siglos XVII y XVIII. En este lugar aún se conservan vestigios de la iglesia medieval, testigos mudos que han sobrevivido a las transformaciones de época moderna. Destaca la portada septentrional, de estilo románico, que, a pesar de su deterioro, conserva sus delicadas arquivoltas decoradas. Sobre ellas, el tejaroz sostenido por canecillos, y en lo alto a la derecha, la enigmática figura de un gran león —o quizá una bicha— que vigila silenciosa el paso del tiempo y los viandantes desde hace ocho siglos.
En el lado norte, frente a la iglesia, las viviendas revelan su antigüedad a través de los blasones desgastados, los dinteles y alféizares de las ventanas, donde aún resuenan ecos de otros siglos. Son vestigios del pasado detenidos en la piedra.
Para apreciar otros detalles de esta plazuela, basta con dirigirse hacia la cabecera de la iglesia, en dirección a la calle Obispo Jarrín. Allí, una hornacina alberga la imagen de la Virgen de la Escuela: una figura sedente que tiene a su lado a un niño ataviado como colegial.
En el lado norte, frente a la iglesia, las viviendas revelan su antigüedad a través de los blasones desgastados, los dinteles y alféizares de las ventanas, donde aún resuenan ecos de otros siglos. Son vestigios del pasado detenidos en la piedra.
Para apreciar otros detalles de esta plazuela, basta con dirigirse hacia la cabecera de la iglesia, en dirección a la calle Obispo Jarrín. Allí, una hornacina alberga la imagen de la Virgen de la Escuela: una figura sedente que tiene a su lado a un niño ataviado como colegial.