TORRE DEL AIRE
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La Torre del Aire fue conocida en el pasado como Palacio de los Fermoselle y también como Palacio de las Cuatro Torres. Fue erigida a mediados del siglo XV en pleno casco histórico de Salamanca, junto a la antigua Parroquia de Santa Eulalia, hoy desaparecida. En su estructura destaca su esbelta torre, la más alta de las conservadas en la ciudad, así como la profusa ornamentación gótica que adorna algunas de las ventanas que se abren en la fachada de naciente.
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Con el nombre de Torre del Aire, Palacio de los Fermoselle o Palacio de las Cuatro Torres se conoce este palacio situado en la Plaza de Santa Eulalia. No es mucho lo que se sabe sobre sus orígenes. Parece que fue construido hacia 1440 por los Castillo, señores de Santa María del Campo, linaje que a finales del siglo XVI recibió el señorío de Fermoselle y su tierra, momento en el que el palacio pasará a denominarse Palacio de los Fermoselle.
La casa-palacio fue conocida, al menos desde finales del siglo XVIII, como Palacio de las Cuatro Torres. Para algunos estudiosos, el nombre hace referencia a las cuatro torres que lucía en cada una de sus cuatro esquinas. El historiador Villar y Macías afirma que las otras tres torres existieron hasta el último tercio del siglo XVIII y que fueron demolidas por amenaza de ruina. Otros estudiosos opinan que nunca tuvo cuatro torres y que el nombre se debe a que uno de los propietarios del palacio ostentó el título de Barón de las Cuatro Torres. Fue a mediados de los años 50, con la reforma urbanística que abrió la actual Plaza de la Constitución, cuando el edificio tomó el nombre de la calle que discurre por su flanco norte (Calle del Aire).
Los propietarios alquilaron el palacio, que fue pasando por distintas manos hasta que finalmente fue vendido. En 1727 fue alquilado como sede de una fábrica de paños. Décadas más tarde, en 1762, se intentó convertirlo en cuartel, pero su dueña, doña María Manuela de Moctezuma, marquesa de Almarza, se negó a cederlo para tal propósito. En 1818, sus muros acogieron provisionalmente a los colegiales irlandeses, aunque el precio del alquiler les obligó a abandonarlo veinte años después. Ya en los últimos años del siglo XIX, la casa se convirtió en residencia para ancianos de las Hermanitas de los Pobres, lo que dio a la torre el apodo de “Torre de las Hermanitas”. Desde 1928, torre y edificio, pasaron a ser propiedad de las religiosas de María Inmaculada del Servicio Doméstico, donde establecieron una residencia universitaria femenina.
A lo largo de su historia este palacio-fortaleza ha sido reformado y reconstruido en numerosas ocasiones, lo que ha desfigurado su fisonomía original, quedando como elementos más destacados la torre y una parte de la fachada de naciente.
La casa-palacio fue conocida, al menos desde finales del siglo XVIII, como Palacio de las Cuatro Torres. Para algunos estudiosos, el nombre hace referencia a las cuatro torres que lucía en cada una de sus cuatro esquinas. El historiador Villar y Macías afirma que las otras tres torres existieron hasta el último tercio del siglo XVIII y que fueron demolidas por amenaza de ruina. Otros estudiosos opinan que nunca tuvo cuatro torres y que el nombre se debe a que uno de los propietarios del palacio ostentó el título de Barón de las Cuatro Torres. Fue a mediados de los años 50, con la reforma urbanística que abrió la actual Plaza de la Constitución, cuando el edificio tomó el nombre de la calle que discurre por su flanco norte (Calle del Aire).
Los propietarios alquilaron el palacio, que fue pasando por distintas manos hasta que finalmente fue vendido. En 1727 fue alquilado como sede de una fábrica de paños. Décadas más tarde, en 1762, se intentó convertirlo en cuartel, pero su dueña, doña María Manuela de Moctezuma, marquesa de Almarza, se negó a cederlo para tal propósito. En 1818, sus muros acogieron provisionalmente a los colegiales irlandeses, aunque el precio del alquiler les obligó a abandonarlo veinte años después. Ya en los últimos años del siglo XIX, la casa se convirtió en residencia para ancianos de las Hermanitas de los Pobres, lo que dio a la torre el apodo de “Torre de las Hermanitas”. Desde 1928, torre y edificio, pasaron a ser propiedad de las religiosas de María Inmaculada del Servicio Doméstico, donde establecieron una residencia universitaria femenina.
A lo largo de su historia este palacio-fortaleza ha sido reformado y reconstruido en numerosas ocasiones, lo que ha desfigurado su fisonomía original, quedando como elementos más destacados la torre y una parte de la fachada de naciente.
Se trata de un edificio de propiedad privada del que únicamente puede verse el exterior.
Casa y torre forman un interesante conjunto que nos traslada al final de la Edad Media, cuando la ciudad se pobló de palacios fortaleza dotados de torres con miradores desde los que se dominaba la ciudad. Estos palacios son el reflejo del poder de la nobleza que los construyó, pero también de los tiempos convulsos en los que fueron erigidos, con los nobles enfrentados en los célebres bandos salmantinos.
La planta del palacio dibuja un amplio rectángulo organizado entorno a un patio cuadrangular. El edificio cuenta con tres fachadas: las principales se orientan hacia la Plaza de Santa Eulalia y la Plaza de la Constitución, respectivamente, mientras que la fachada norte da a la calle del Aire. En el ángulo noreste se levantó la torre, la más esbelta de Salamanca. Sencilla y de cierto interés es la fachada que da a la actual Plaza de Santa Eulalia, donde tiene la entrada, resuelta con una puerta con arco de medio punto adovelado. Las ventanas de esta fachada se abrieron en época barroca, en ellas se aprovecharon algunos dinteles decorados con tracerías flamígeras.
La fachada que mira hacia levante, hacia la Plaza de la Constitución, es la que concentra el mayor interés. Los muros, restaurados en varios momentos, se animan con una serie de vanos dispuestos de forma irregular y resueltos de maneras muy diversas. Se observan huecos con arco de medio punto; vanos adintelados,; arquillos conopiales; arcos trilobulados y arcos apuntados. Destacan especialmente dos ventanas geminadas, adornadas con delicadas tracerías flamígeras, y una tercera, situada en la parte alta de la torre, coronada por un elegante arco polilobulado. El mirador superior está cubierto con un tejadillo a cuatro aguas, fruto de intervenciones posteriores.
Su interior parece haber sido totalmente modificado en las numerosas reformas realizadas a lo largo del tiempo. El patio tiene una única crujía, paralela a la fachada, que hoy está tabicada, aunque aún se aprecian las columnas con capiteles poligonales que debían soportar una galería adintelada de madera.
La planta del palacio dibuja un amplio rectángulo organizado entorno a un patio cuadrangular. El edificio cuenta con tres fachadas: las principales se orientan hacia la Plaza de Santa Eulalia y la Plaza de la Constitución, respectivamente, mientras que la fachada norte da a la calle del Aire. En el ángulo noreste se levantó la torre, la más esbelta de Salamanca. Sencilla y de cierto interés es la fachada que da a la actual Plaza de Santa Eulalia, donde tiene la entrada, resuelta con una puerta con arco de medio punto adovelado. Las ventanas de esta fachada se abrieron en época barroca, en ellas se aprovecharon algunos dinteles decorados con tracerías flamígeras.
La fachada que mira hacia levante, hacia la Plaza de la Constitución, es la que concentra el mayor interés. Los muros, restaurados en varios momentos, se animan con una serie de vanos dispuestos de forma irregular y resueltos de maneras muy diversas. Se observan huecos con arco de medio punto; vanos adintelados,; arquillos conopiales; arcos trilobulados y arcos apuntados. Destacan especialmente dos ventanas geminadas, adornadas con delicadas tracerías flamígeras, y una tercera, situada en la parte alta de la torre, coronada por un elegante arco polilobulado. El mirador superior está cubierto con un tejadillo a cuatro aguas, fruto de intervenciones posteriores.
Su interior parece haber sido totalmente modificado en las numerosas reformas realizadas a lo largo del tiempo. El patio tiene una única crujía, paralela a la fachada, que hoy está tabicada, aunque aún se aprecian las columnas con capiteles poligonales que debían soportar una galería adintelada de madera.