BARRIO DE SAN VICENTE
1 horaEn esta parte, muy próxima a la Plaza Mayor, te puedes encontrar con interesantes edificios que siguen dando muestras de la monumentalidad de la ciudad. Algunos de ellos pertenecen a la Universidad de Salamanca, como el Colegio Mayor Fonseca, conocido como Colegio de los Irlandeses, y el amplio Parque Arqueológico del Cerro de San Vicente, donde se ubica el origen de la ciudad.
Hacia el oeste, el parque de San Francisco, la calle de las Úrsulas, la iglesia de la Vera Cruz para concluir en el Palacio de Monterrey y la iglesia de La Purísima, complentan el recorrido por plazas y calles tranquilas, en las que el paseo permite contemplar impresionantes vistas de la ciudad.
La Cuesta de la Independencia recuerda la presencia francesa a comienzos del siglo XIX, desde la que se aprecia una impresionante vista de las torres de la ciudad, destacando la Real Clerecía de San Marcos y la Catedral de Salamanca.
Esta parte de la ciudad fue durante el siglo XVI, con el auge de la Universidad, punto de atracción para órdenes religiosas y colegios que fueron ocupando la parte alta del Cerro de San Vicente y sus alrededores. Conventos, colegios mayores y casas de estudio transformaron la zona en un espacio lleno de actividad intelectual y espiritual. La historia dió otro giro en el siglo XIX con la Guerra de la Independencia y las desamortizaciones arrasaron muchos de aquellos edificios, dejando el barrio en ruinas. Sobre esos restos, a finales del siglo XIX, se asentó una población humilde que levantó sus casas con los materiales disponibles, dando lugar al barrio de San Vicente–Los Milagros.
La recuperación definitiva llegó ya en el siglo XX, con la construcción del Palacio de Congresos, la excavación del yacimiento prehistórico y un plan de renovación urbana que devolvió al cerro su protagonismo. Hoy, San Vicente es un barrio céntrico, moderno y lleno de historia, donde el pasado más remoto convive con la modernidad.
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En el barrio de San Vicente se sitúa el origen histórico de Salamanca. En su extremo meridional se eleva el Cerro de San Vicente, un promontorio que domina el cauce del río Tormes desde unos 30 metros de altura. Este enclave alberga la primera ocupación conocida de la ciudad: un asentamiento de la Primera Edad del Hierro vinculado a la Cultura del Soto de Medinilla. Aunque existen indicios de ocupaciones anteriores, los restos recuperados confirman una presencia continuada entre los siglos VIII y IV a. C. A partir de esta última fecha, la población se trasladó al Teso de las Catedrales, donde se desarrolló el castro de Salmántica.
El cerro quedó deshabitado hasta que, en un momento indeterminado de la Edad Media se estableció allí un monasterio. La documentación conservada indica que, a partir de 1143, pasó a convertirse en un priorato dependiente de la abadía de Cluny.
El territorio comprendido entre el monasterio de San Vicente y la zona conocida como las Peñuelas de San Blas constituyó durante la Edad Media un espacio marginal de la ciudad. Quedó fuera del primer recinto amurallado y separado del núcleo urbano por el arroyo de los Milagros. Cuando a finales del siglo XII se construyó la Cerca Nueva, este sector quedó integrado en la ciudad, aunque su carácter periférico y lo agreste del terreno frenaron la repoblación, pese a la presencia de varias parroquias y ermitas. Ante estas dificultades, el rey Alfonso IX entregó el territorio al monasterio de San Vicente con el encargo de repoblarlo, una misión que no se materializó hasta finales del siglo XV.
La situación cambió de forma radical en el siglo XVI. El auge de la vida universitaria atrajo a numerosas órdenes religiosas e instituciones educativas, que comenzaron a instalarse en el cerro. Desde el extremo sur del Cerro de San Vicente hasta el convento de San Francisco se fueron levantando los conventos de San Vicente, La Penitencia y Santa Ana; los colegios universitarios de la Magdalena y Fonseca; el colegio de los Jesuitas y el de San Patricio de Nobles Irlandeses.
La mayoría de estos edificios fueron destruidos en el siglo XIX durante la Guerra de la Independencia y los posteriores procesos de desamortización, lo que dejó el barrio semidespoblado y cubierto de ruinas. Pasó entonces a conocerse como Los Caídos. A finales del siglo XIX, el cerro fue ocupado por una población muy humilde que construyó sus viviendas aprovechando los restos de los antiguos monumentos, dando lugar al barrio de San Vicente–Los Milagros, el más pobre de la ciudad.
A finales del siglo XX, la construcción del Palacio de Congresos, el descubrimiento del yacimiento prehistórico y la posterior elaboración del Plan director del Cerro de San Vicente transformaron de nuevo esta zona de la ciudad. Hoy constituye un barrio céntrico, moderno y plenamente integrado en la ciudad.
1. Parque de San Francisco
El Parque de San Francisco nació en el siglo XVIII sobre un antiguo descampado frente al desaparecido convento de San Francisco el Real. Sus árboles centenarios, fuentes y esculturas —como la dedicada a San Francisco, obra de Venancio Blanco— lo convierten en un lugar perfecto para comenzar el recorrido. Este espacio invita a caminar con calma, igual que hacía Miguel de Unamuno, quien vivió muy cerca y lo convirtió en uno de sus rincones favoritos.
Mientras avanzas, observa sus fuentes, bancos de piedra y zonas verdes. Si visitas Salamanca en enero, quizá coincidas con la entrañable bendición de los animales que realizan los padres Capuchinos por San Antón, una tradición muy querida por los salmantinos.
2. Iglesia de los Capuchinos
Frente al Parque de San Francisco, a mitad de la cuesta de Ramón y Cajal, se encuentra la Capilla de la Orden Tercera de San Francisco, conocida popularmente como la Iglesia de los Capuchinos. Este templo barroco fue diseñado por Andrés García de Quiñones a mediados del siglo XVIII. Se levantó sobre el ábside septentrional de la iglesia del convento de San Francisco el Real. Aunque el convento fue destruido en el siglo XIX, la capilla de los terciarios franciscanos logró sobrevivir a la Guerra de la Independencia y a la Desamortización. A finales del siglo XIX, fue cedida a la comunidad de los Capuchinos, quienes construyeron aquí su nuevo convento. En su interior aún se conservan restos de la cabecera de la antigua iglesia de San Francisco el Real.
3. Colegio Fonseca
El Colegio del Arzobispo Fonseca fue fundado por Alonso de Fonseca, arzobispo de Santiago y de Toledo, antiguo estudiante de la Universidad de Salamanca y destacado mecenas del Renacimiento. Las obras comenzaron en 1521 bajo la dirección de algunos de los arquitectos más destacados de la época, como Diego de Siloé, Juan de Álava, Rodrigo Gil de Hontañón y Alonso de Covarrubias.
El edificio es una de las joyas del Renacimiento español. Destacan su portada presidida por el medallón de Santiago en la Batalla de Clavijo, la capilla con retablo de Alonso de Berruguete y el elegante patio renacentista. En el siglo XIX el colegio acogió a clérigos irlandeses, que residieron allí hasta 1936 por lo que también se conoce como Colegio de los Irlandeses.
4. Parroquia de San Blas
Construida en el siglo XIII en un antiguo arrabal, la iglesia de San Blas sufrió reconstrucciones, daños de guerra y un largo abandono que la llevó a convertirse incluso en carbonería en el siglo XX. Tras su restauración en los años 80, el edificio se transformó en auditorio municipal.
La tradición salmantina atribuye a este templo un episodio singular: se dice que San Juan de Sahagún pronunció allí su último sermón poco antes de morir en 1479. Según el relato popular, el santo habría sido envenenado por una noble conocida como la Marquesa Isabel, despechada porque su amante había abandonado su vida disoluta tras escuchar la predicación del fraile.
5. Mirador de los Irlandeses
El Mirador de los Irlandeses debe su nombre al histórico Colegio de los Irlandeses, fundado en 1592 para acoger y formar a jóvenes católicos irlandeses que huían de la persecución religiosa. Sus estudiantes, vestidos con sotana negra y beca roja, eran conocidos popularmente como los “pavitos”.
Hoy, este mirador forma parte de la Ruta de los miradores de Salamanca y ofrece una de las panorámicas más impresionantes del casco histórico, con las cúpulas y torres de la Purísima, La Clerecía y la Catedral dominando el horizonte. Desde aquí también se divisa el Palacio de Congresos y Exposiciones de Castilla y León, junto al que se encuentra la escultura dedicada al cantaor Rafael Farina.
Al atardecer, la luz del sol tiñe de un tono rojizo la piedra de Villamayor creando un ambiente mágico, y por la noche, este mirador se convierte en un balcón privilegiado para admirar la ciudad iluminada
Cerro de San Vicente y Mirador del Cerro de San Vicente.
En este lugar se encuentra el origen de Salamanca. Las excavaciones arqueológicas desarrolladas durante más de tres décadas, han permitido identificar los restos de un asentamiento de la Primera Edad del Hierro, vinculado a la cultura meseteña del Soto de Medinilla. Asimismo, se han excavado y musealizado los restos del convento benedictino que existió en el cerro hasta el siglo XIX, cuando fue destruido durante la Guerra de la Independencia.
Su posición sobre un cerro elevado, separado del Teso de las Catedrales por la Vaguada de la Palma, hacen de este lugar un mirador único para contemplar el casco histórico. El enclave se ha incluido en la Ruta de los Miradores de Salamanca y ofrece una de las vistas más impresionantes del paisaje urbano. Desde este enclave privilegiado, la mirada se desliza por las imponentes cúpulas y torres de la Iglesia de la Purísima, La Clerecía y la Catedral, que se elevan majestuosas sobre el perfil de la ciudad.