CASA DE SANTA TERESA
25 minutosLa Casa de Santa Teresa se encuentra en la calle Crespo Rascón y su origen se remonta a finales del siglo XV. Su fachada, sobria y austera, presenta un portón con arco de medio punto formado por grandes dovelas y una ventana flanqueada por dos escudos.
En este lugar se estableció Santa Teresa de Jesús el 31 de octubre de 1570, víspera de Todos los Santos, para llevar a cabo su séptima fundación de Carmelitas Descalzas. Aquí vivió la célebre “noche de ánimas” y halló inspiración para escribir su conocido poema Vivo sin vivir en mí. El interior conserva espacios que evocan la época en la que la Santa habitó la casa.
Siglos más tarde, también residió en ella la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José. Canonizada en 2011, Bonifacia se convirtió en la primera santa salmantina. Desde 1881 hasta nuestros días, las religiosas de esta congregación han mantenido viva su presencia espiritual en la casa.
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La Casa de los Ovalle, perteneciente al mayorazgo de Gonzaliáñez de Ovalle —regidor de la ciudad—, fue edificada a finales del siglo XV. En ella vivió Juan de Ovalle, cuyas armas todavía se conservan en la fachada como testimonio de su linaje.
Sin embargo, su valor trasciende lo arquitectónico, ya que este edificio fue la primera residencia de Santa Teresa de Jesús en Salamanca. La santa llegó a la ciudad el 31 de octubre de 1570, víspera de Todos los Santos, con el propósito de llevar a cabo su séptima fundación. Gracias a las gestiones de su cuñado, Juan de Ovalle, se instaló en una casa de la familia Ovalle, situada entonces en la calle de la Alberca —hoy Crespo Rascón—. La acompañaba la religiosa María del Sacramento. Aquella primera noche, ambas permanecieron solas en la vivienda, sobrecogidas por el sonido fúnebre de las campanas de la ciudad, lo que provocó el temor de María del Sacramento ante la posibilidad de que algún estudiante intentara asustarlas.
En esta misma casa se produjo el éxtasis del Domingo de Resurrección de 1571, episodio que dejó a la santa casi sin sentido e inspiró su célebre composición Vivo sin vivir en mí. La estancia que ocupó fue posteriormente convertida en capilla.
La propia Teresa describió el edificio como una casa “muy grande y desbaratada y con muchos desvanes”, situada en la colación de San Juan y próxima a la Alberca. También aludió a sus malas condiciones de habitabilidad —humedad, frío e insalubridad— agravadas por la cercanía de los desaguaderos del arroyo de San Francisco, circunstancias que la llevaron a trasladar posteriormente el convento a la calle Compañía.
En el siglo XIX, la propiedad pasó a manos de la marquesa de Castelar, quien la restauró en 1876. En ese momento, la Comisión Provincial de Monumentos promovió la colocación de una lápida conmemorativa de la estancia de la santa, cuyo texto, redactado por el cronista Villar y Macías, hoy puede verse en el interior.
En 1881 se instalaron en el edificio las Siervas de San José, fundadas por la madre Bonifacia. En sus dependencias establecieron talleres de costura, cordelería y ornamentos sagrados, que también sirvieron como espacio de formación para jóvenes sin recursos. La madre Bonifacia, primera santa nacida en Salamanca, fue canonizada en 2011.
Hoy, la Casa de Santa Teresa continúa siendo sede de las Siervas de San José, que han preservado la memoria histórica y espiritual de las dos figuras que marcaron la historia del edificio.
En el lado oeste de esta placita se encuentra un viejo y austero caserón cuyo rótulo indica que nos hallamos ante la Casa de Santa Teresa. En su fachada, resuelta con un arco semicircular de grandes dovelas, queda patente la propiedad originaria del inmueble a través de los dos escudos labrados sobre la puerta que muestran las armas de los Ovalle, Varillas y Lucero y en el otro las de Herrera, Enríquez, Rodríguez de Villafuerte y Corvelle.
La fachada conduce a un zaguán empedrado desde el que se accede, a través de una puerta casi gemela a la principal, al recoleto patio del convento de las Siervas de San José. Dos de sus crujías presentan esbeltas columnas que sostienen una sencilla galería de madera. En esta galería se conserva la placa conmemorativa redactada en 1876 por el cronista salmantino Villar y Macías, en la que se recuerda el éxtasis que la Santa experimentó en esta casa y que inspiró su célebre glosa Vivo sin vivir en mí.
Algunos de los aposentos se han preservado como si el tiempo se hubiera detenido en ellos. Todavía pueden contemplarse la habitación que ocupó Santa Teresa, con su artesonado original, hoy transformada en capilla, el confesionario y la antigua escalera por la que, según la tradición, el diablo la arrojó.
En una de las salas abiertas al patio se conserva el taller que instaló la fundadora de las Siervas de San José. En la actualidad, este espacio funciona como un pequeño museo que reúne objetos personales de la madre Bonifacia y del padre Butinyá. Preside la estancia un pequeño retablo dedicado a la Sagrada Familia. Distribuidas por la sala se encuentran máquinas de coser, ruecas y otros instrumentos de trabajo que fueron utilizados por la madre Bonifacia y sus discípulas en sus labores cotidianas.