CASA DEL REGIDOR OVALLE
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La Casa del Regidor Ovalle es un noble edificio del siglo XVIII que debe su nombre a su primer propietario. En su fachada, una placa de mármol rinde homenaje y recuerda a quienes la contemplan que en esta casa vivió y falleció don Miguel de Unamuno.
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Precio visita libre
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La Casa del Regidor Ovalle está situada en la Calle Bordadores, cerca de otros monumentos emblemáticos como la Casa de las Muertes, el Palacio de Monterrey o el Convento de la Anunciación. Es un rincón lleno de historia que merece ser conocido por quienes visitan Salamanca.
Es un edificio de estilo barroco que data del siglo XVIII. Originalmente perteneció a Juan Antonio Ovalle Prieto, quien fue regidor de la ciudad y miembro de la Orden militar de Santiago. Poco más se sabe de la historia y de los orígenes de este edificio. En época contemporánea quedó vinculada para siembre a la figura de Don Miguel de Unamuno, uno de los intelectuales y escritores más destacados de la época. Este edificio fue su hogar, y el de su familia, durante veintidós años y en él falleció el 31 de diciembre de 1936. Nada queda en su interior de lo que poseyó en vida. La familia vivía de alquiler y casi todo lo que poseía pasó a la Casa Rectoral situada en la Calle de Libreros, hoy conocida como Casa-Museo Miguel de Unamuno.
Don Miguel llegó a esta casa en 1914, tras ser destituido como rector la Universidad de Salamanca por sus opiniones políticas contra el régimen del momento. Desde esta casa partió al exilio el 21 de febrero de 1924, regresando el 13 de marzo de 1930. Habían transcurrido seis años desde su partida de Salamanca. Al entrar en ella su primer gesto fue ir conocer a su nieto. La multitud congregada en la puerta lo llevó a salir al balcón. Conmovido, evocó las palabras que pronunció al marcharse al exilio: “Volveré, no con mi libertad, que nada importa, sino con la vuestra”. Este momento quedó inmortalizado en las fotografías en las que Unamuno aparece asomado al balcón junto a su familia.
A este balcón de la calle Bordadores daba su despacho. Desde este lugar observaba la vida cotidiana de Salamanca, una ciudad que siempre estuvo en el centro de su obra y pensamiento. Desde él veía asomar el Torreón de las Úrsulas y, al fondo de la calle, su querido Campo de San Francisco. La vivienda se transformó en un refugio donde dedicó su tiempo a reflexionar y escribir sobre cuestiones trascendentales. En este espacio dio vida a obras como La Tía Tula o Abel Sánchez.
En la fachada de la casa, sobre una placa de mármol, puede leerse una hermosa poesía de Unamuno donde quedan plasmados su amor por Salamanca y sus ansias de inmortalidad.
Es un edificio de estilo barroco que data del siglo XVIII. Originalmente perteneció a Juan Antonio Ovalle Prieto, quien fue regidor de la ciudad y miembro de la Orden militar de Santiago. Poco más se sabe de la historia y de los orígenes de este edificio. En época contemporánea quedó vinculada para siembre a la figura de Don Miguel de Unamuno, uno de los intelectuales y escritores más destacados de la época. Este edificio fue su hogar, y el de su familia, durante veintidós años y en él falleció el 31 de diciembre de 1936. Nada queda en su interior de lo que poseyó en vida. La familia vivía de alquiler y casi todo lo que poseía pasó a la Casa Rectoral situada en la Calle de Libreros, hoy conocida como Casa-Museo Miguel de Unamuno.
Don Miguel llegó a esta casa en 1914, tras ser destituido como rector la Universidad de Salamanca por sus opiniones políticas contra el régimen del momento. Desde esta casa partió al exilio el 21 de febrero de 1924, regresando el 13 de marzo de 1930. Habían transcurrido seis años desde su partida de Salamanca. Al entrar en ella su primer gesto fue ir conocer a su nieto. La multitud congregada en la puerta lo llevó a salir al balcón. Conmovido, evocó las palabras que pronunció al marcharse al exilio: “Volveré, no con mi libertad, que nada importa, sino con la vuestra”. Este momento quedó inmortalizado en las fotografías en las que Unamuno aparece asomado al balcón junto a su familia.
A este balcón de la calle Bordadores daba su despacho. Desde este lugar observaba la vida cotidiana de Salamanca, una ciudad que siempre estuvo en el centro de su obra y pensamiento. Desde él veía asomar el Torreón de las Úrsulas y, al fondo de la calle, su querido Campo de San Francisco. La vivienda se transformó en un refugio donde dedicó su tiempo a reflexionar y escribir sobre cuestiones trascendentales. En este espacio dio vida a obras como La Tía Tula o Abel Sánchez.
En la fachada de la casa, sobre una placa de mármol, puede leerse una hermosa poesía de Unamuno donde quedan plasmados su amor por Salamanca y sus ansias de inmortalidad.
En el pasado, la zona fue un remanso de paz; hoy en día, se ha transformado en un animado enclave lleno de vida, donde abundan los locales nocturnos, restaurantes y terrazas que invitan al disfrute.
Se trata de un edificio de tres plantas construido con buena piedra de Villamayor. Está compuesto de planta baja, dedicada al comercio y restauración, piso principal con dos viviendas que abren sus balcones a la calle, y un segundo piso que parece un añadido posterior en el que se abren cinco balcones. La portada tiene un gran frontón triangular partido que acoge rica decoración barroca. Sobre el frontón, entre dos balcones, ostenta el escudo del Regidor Ovalle sobremontado por yelmo y rodeado de guirnalda con frutos de gusto rococó. Consta de cruz griega de brazos rectos entre los que acoge cuatro lobos. Tres balcones se abren en la planta principal. El de la izquierda, de doble longitud que los dos restantes, se corresponde con la vivienda de Unamuno.
De las pocas descripciones con las que contamos se desprende que su interior no difiere en exceso del estado que presentaba cuando lo ocupó la familia Unamuno. La planta principal se divide en dos viviendas, en la de la derecha vivió Unamuno. Se accede a ella por una empinada escalera de madera. Se trata de una vivienda de planta rectangular comprendida entre la calle y un patio interior. En el patio interior crece una higuera y una escalera de madera que conecta las plantas.
Sólo el despacho de Unamuno contaba con ventanas a la calle Bordadores. Desde ese balcón, frente al camarín de la iglesia de Santa María de los Caballeros, Unamuno contemplaba la Calle Compañía y el Palacio de Monterrey, cuya bellísima torre plasmó en un dibujo y le inspiró una de las muchas poesías dedicadas a la ciudad. En la zona interior de la casa había una salita con un gran ventanal que daba al patio ajardinado. Esta es la única estancia que contaba con suelo de madera. En ella falleció Unamuno. El suelo de esta sala aún guarda su recuerdo: la quemadura en la madera, testigo silencioso del instante en que Don Miguel, en su último aliento, hundió el pie en el brasero.
Son muchas las referencias y descripciones que del despacho de Unamuno hicieron intelectuales y periodistas que visitaron a Unamuno, especialmente abundantes en los últimos meses de su vida. Todos ellos describen una estancia sobria, con las paredes enteladas de un verde apagado. Una mesa cuadrada -con tapete negro y dos sillones fraileros a cada lado- le servía de escritorio. Dos cuadros adornaban la sala, uno de ellos con paisaje del Lago de Sanabria, puedo inspirarle cuando escribía San Manuel Bueno y Mártir.
Su biblioteca personal, con más de 6.000 volúmenes, fue regalada a la Universidad por el propio Unamuno meses antes de morir. El resto del mobiliario y objetos personales se encuentran en la Casa Museo Miguel de Unamuno de la Calle Libreros.
Se trata de un edificio de tres plantas construido con buena piedra de Villamayor. Está compuesto de planta baja, dedicada al comercio y restauración, piso principal con dos viviendas que abren sus balcones a la calle, y un segundo piso que parece un añadido posterior en el que se abren cinco balcones. La portada tiene un gran frontón triangular partido que acoge rica decoración barroca. Sobre el frontón, entre dos balcones, ostenta el escudo del Regidor Ovalle sobremontado por yelmo y rodeado de guirnalda con frutos de gusto rococó. Consta de cruz griega de brazos rectos entre los que acoge cuatro lobos. Tres balcones se abren en la planta principal. El de la izquierda, de doble longitud que los dos restantes, se corresponde con la vivienda de Unamuno.
De las pocas descripciones con las que contamos se desprende que su interior no difiere en exceso del estado que presentaba cuando lo ocupó la familia Unamuno. La planta principal se divide en dos viviendas, en la de la derecha vivió Unamuno. Se accede a ella por una empinada escalera de madera. Se trata de una vivienda de planta rectangular comprendida entre la calle y un patio interior. En el patio interior crece una higuera y una escalera de madera que conecta las plantas.
Sólo el despacho de Unamuno contaba con ventanas a la calle Bordadores. Desde ese balcón, frente al camarín de la iglesia de Santa María de los Caballeros, Unamuno contemplaba la Calle Compañía y el Palacio de Monterrey, cuya bellísima torre plasmó en un dibujo y le inspiró una de las muchas poesías dedicadas a la ciudad. En la zona interior de la casa había una salita con un gran ventanal que daba al patio ajardinado. Esta es la única estancia que contaba con suelo de madera. En ella falleció Unamuno. El suelo de esta sala aún guarda su recuerdo: la quemadura en la madera, testigo silencioso del instante en que Don Miguel, en su último aliento, hundió el pie en el brasero.
Son muchas las referencias y descripciones que del despacho de Unamuno hicieron intelectuales y periodistas que visitaron a Unamuno, especialmente abundantes en los últimos meses de su vida. Todos ellos describen una estancia sobria, con las paredes enteladas de un verde apagado. Una mesa cuadrada -con tapete negro y dos sillones fraileros a cada lado- le servía de escritorio. Dos cuadros adornaban la sala, uno de ellos con paisaje del Lago de Sanabria, puedo inspirarle cuando escribía San Manuel Bueno y Mártir.
Su biblioteca personal, con más de 6.000 volúmenes, fue regalada a la Universidad por el propio Unamuno meses antes de morir. El resto del mobiliario y objetos personales se encuentran en la Casa Museo Miguel de Unamuno de la Calle Libreros.