IGLESIA DE SAN JUAN DE SAHAGÚN

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La Iglesia de San Juan de Sahagún es uno de los mejores ejemplos de arquitectura historicista en Salamanca. Fue construida entre 1891 y 1896 sobre el solar de la antigua parroquia románica de San Mateo, por iniciativa del obispo de Salamanca, fray Tomás de Cámara y Castro.

El edificio combina de manera armónica elementos neorrománicos y neogóticos, estilos muy utilizados en la arquitectura religiosa de finales del siglo XIX. El proyecto inicial fue obra del arquitecto Joaquín de Vargas y Aguirre, y la torre y parte de la ornamentación fueron completadas por José María Basterra. En la fachada destacan dos grandes altorrelieves de bronce, obra de Aniceto Marinas, que representan los dos milagros más populares del santo: el Milagro del Pozo Amarillo y la Pacificación de los Bandos.
La iglesia está dedicada al patrón de Salamanca, San Juan de Sahagún (1430‑1479). El santo vivió en la ciudad durante el siglo XV: en su juventud fue colegial del Colegio Mayor de San Bartolomé y, más tarde, ingresó como fraile en el Convento de los Agustinos de Salamanca. Fue canonizado en 1690 por el papa Alejandro VIII y, desde 1868, es venerado como patrón de la ciudad, cuya festividad se celebra cada 12 de junio.

Tras su muerte, San Juan fue sepultado en el Convento de San Agustín, pero cuando este fue destruido durante la Guerra de la Independencia, sus reliquias se trasladaron a la Catedral. Hoy reposan en una urna de plata en el altar mayor de la Catedral Nueva, junto a las de santo Tomás de Villanueva. A finales del siglo XIX, el Padre Cámara, también fraile agustino y obispo de Salamanca, impulsó la recuperación de la devoción al patrón de Salamanca: escribió la primera biografía del santo y promovió la construcción de un nuevo templo en el solar donde había estado la antigua parroquia de San Mateo.

La ciudad conserva desde antiguo el recuerdo de San Juan en su toponimia. La Plaza de los Bandos recuerda su papel como mediador en los enfrentamientos entre las facciones nobiliarias de la época. Las calles de Tentenecio y del Pozo Amarillo evocan dos de sus milagros más célebres: el primero recuerda cómo, con las palabras “¡Tente, necio!”, logró detener a un toro desbocado; el segundo rememora el rescate de un niño caído a un pozo, cuando todos lo daban por muerto. Cada año, el Ayuntamiento realiza una ofrenda floral ante el relieve que conmemora este último milagro en la calle del Pozo Amarillo.

La presencia del santo también se percibe en otros rincones de Salamanca. En las ruinas del Botánico se encontraba el Convento de San Pedro de los Agustinos, donde vivió y fue enterrado. Una imagen suya puede verse en la puerta lateral de la iglesia de San Sebastián, antigua capilla del Colegio de Anaya, donde estudió y ejerció como capellán. En la Calle Traviesa se conserva un bajorrelieve con su figura, y uno de los medallones de la Plaza Mayor está dedicado a su memoria, testimonio de la profunda devoción que la ciudad le ha profesado a lo largo de los siglos.

La tradición salmantina sostiene que San Juan pronunció su último sermón en la iglesia de San Blas. Se cuenta que un joven, tras escucharlo, decidió abandonar a su amante, la marquesa Isabel. Ella, despechada por el rechazo, habría ordenado envenenar al santo como venganza por haber perdido a su amante.
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Edificio religioso: Iglesias, conventos, mezquitas, sinagogas y templos
Iglesia

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