PALACIO DE ORELLANA
10 minutosDesde el exterior, su arquitectura destaca por la sobriedad. Cuenta con una galería abierta en la parte superior y una torre que repite este mismo elemento, una solución que recuerda a la de otros palacios renacentistas como el Palacio de Monterrey. Sin embargo, a diferencia de este, el Palacio de Orellana prescinde de una decoración abundante.
De hecho, frente a la riqueza ornamental de otros edificios renacentistas de la ciudad, el Palacio de Orellana apuesta por un estilo más sobrio y equilibrado, con muy pocos elementos decorativos. Esta sencillez, propia de un clasicismo más austero, permite situar su construcción hacia finales del siglo XVI.
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Partiendo de comparaciones estilísticas se ha defendido la intervención en él de arquitectos como Rodrigo Gil de Hontañón, Martín Navarro o Juan de Ribero Rada, pero por el momento no se cuenta con documentación que avale la autoría del edificio.
Probablemente nos encontremos ante el último palacio de estilo renacentista levantado en Salamanca. Su estructura recuerda a la del palacio de Monterrey, no así su decoración, que sigue postulados clasicistas, ya en la órbita del arte manierista. Carece de la decoración plateresca característica de los edificios construidos en el siglo XVI en la ciudad. La decoración se reduce a dos escudos situados sobre la puerta y un tercero en la torre sostenido por puttis.
Los propietarios de este palacio estuvieron siempre vinculados a la parroquia de San Adrián, en la que tenían su panteón funerario. La desaparición de la parroquia, cuya torre se encontraba unida al Palacio de Orellana, motivó una ampliación de este palacio en 1856, copiándose en la zona ampliada la arquitectura original del edificio.
El palacio, de propiedad privada, pertenece en la actualidad a la familia Pérez Herrasti y no está abierto al público. Apenas se dispone de información sobre su interior. Según una noticia publicada hace algunos años, en su interior se conserva un baño del siglo XVI, además de mobiliario y utensilios antiguos. Como curiosidad cabe señalar que en este palacio tuvo su despacho el general Faupel, embajador de Hitler ante Franco y jefe de la Legión Cóndor.
La estructura de Orellana guarda semejanzas con Monterrey pero, a diferencia de este y otros palacios salamantinos del XVI que se caracterizan por su abundate decoración plateresca, este palacio se presenta prácticamente despojado de ornamentación.
Su fachada principal, orientada hacia la Plaza de Colón, se organiza en dos pisos más una galería abierta que corona el edificio. Una imponente torre se levanta al mediodía. Los vanos son todos adintelados, transformándose en balcones en el piso noble con frontones triangulares y curvos. El mirador sigue un diseño adintelado, sostenido por pilares a los que se adosan zapatas, una solución arquitectónica que se repite en la parte superior de la torre.
Las únicas licencias decorativas que se permitió el artífice de la obra fueron los escudos. El de la torre luce las armas de los Anaya sostenidas por putti mientras que los dos que flanquean el balcón principal llevan las armas de Anaya y Bazán.
El palacio fue ampliado en 1856, cuando se derribó el arco que unía el palacio a la iglesia de San Adrián. Esta ampliación se aprecia en la parte norte del edificio. A partir de la segunda puerta, tapiada, arranca un añadido en el que copiaron la arquitectura del siglo XVI. Aquí la cornisa se interrumpe, dando la sensación de que se proyectó otra torre que nunca fue construida.
Una tapia con almenas cierra el patio por la Calle de Jesús, obra realizada en 1922. El patio es uno de los más singulares de cuantos existen en Salamanca. Cuenta únicamente con dos galerías en forma de ele; con dos pisos en la crujía paralela a la fachada y tres en el lateral norte. La galería inferior tiene arcos de medio punto en los que se sustituyen los habituales medallones poróculos horadados en las enjutas, único caso con esta solución en Salamanca. La galería superior es adintelada con columnas dóricas y zapatas decoradas con querubines.