CONVENTO DE LAS DUEÑAS
40 minutosEl convento se alza en un enclave privilegiado, junto a San Esteban, y tuvo su origen en 1419, cuando Juana Rodríguez de las Varillas decidió fundar aquí un beaterio destinado a acoger a mujeres de la nobleza. Para ello aprovechó las casas que había mandado construir su primer marido, Juan Sánchez de Sevilla, Contador Mayor de Castilla.
Las primeras religiosas se instalaron en aquel antiguo palacio mudéjar de finales del siglo XIV, del que todavía hoy se conservan algunos evocadores vestigios, como arcos de herradura apuntados decorados con azulejos. Sobre ese sustrato medieval se levantó, ya en el siglo XVI, el conjunto actual, formado por la iglesia y el claustro.
La iglesia, diseñada por el dominico fray Martín de Santiago, responde a un estilo tardogótico de líneas sobrias: una sola nave cubierta con bóvedas de crucería y rematada por un ábside recto, en cuyo interior destaca un retablo barroco. Al exterior, su apariencia austera contrasta con la delicadeza de su portada plateresca.
El verdadero tesoro del convento es, sin duda, su claustro, levantado en 1533. Su planta irregular se adapta con ingenio a las construcciones precedentes. Se articula en dos niveles, siendo especialmente sorprendente la galería superior, en la que se despliega una exuberante decoració, donde grutescos, dragones y seres enigmáticos convierte este claustro en un espacio singular y único dentro del Renacimiento español.
Precio visita libre
- Individual - 3.00 €
- Grupos - 2.00 €
En origen fue un antiguo palacio mudéjar perteneciente al Contador Mayor de Castilla, Juan Sánchez de Sevilla. Éste, judeoconverso y miembro de la familia de financieros Abravanel, ocupó cargos relevantes en la corte castellana en tiempo de Juan I y Enrique II. Su traslado a Salamanca debió de producirse tras su nombramiento como contador mayor a finales del siglo XIV, donde contrajo matrimonio con Juana Rodríguez de las Varillas.
Juan Sánchez adquirió un solar en la colación de San Adrián, donde mandó construir un palacio de nueva planta siguiendo el modelo de las residencias sevillanas de la época. Para ello hizo venir a maestros alarifes desde Sevilla.
A su muerte, su viuda, doña Juana Rodríguez, donó el palacio y otras viviendas de su propiedad a la Orden de Predicadores con el propósito de fundar un monasterio femenino. Tras la cesión, no se levantó un edificio nuevo: las religiosas ocuparon las dependencias del palacio, adaptándolo a la vida conventual. Se trataba, sin duda, de una auténtica residencia señorial.
El convento recibió numerosas mercedes y privilegios de monarcas y nobles, favorecido por el elevado número de religiosas de linaje ilustre que profesaban en él y aportaban cuantiosas dotes. Gracias a estas donaciones —entre las que destaca la herencia de Ana de Paz—, a partir de 1530 las dominicas pudieron emprender la construcción de la iglesia y del claustro actuales, integrados en el antiguo palacio mudéjar, lo que explica la irregularidad de la planta del claustro.
En 1921 el conjunto fue declarado Monumento Nacional y, en 1962, se autorizó la apertura del claustro al público. En 1966, el derrumbe de un muro en el interior de la clausura aceleró la renovación del viejo caserón, una intervención dirigida por el arquitecto fray Coello de Portugal. Con ello comenzó la desaparición del que había sido el palacio más antiguo conservado en Salamanca, con más de seiscientos años de historia, y uno de los monumentos más significativos de la ciudad.
Los escasos elementos mudéjares que han llegado hasta nuestros días son una techumbre con pinturas heráldicas, el artesonado conservado en el Museo de Salamanca, dos puertas decoradas con azulejos —hoy situadas en el claustro— y varias yeserías ornamentadas con las armas de Castilla.
Al entrar, un pequeño patio ajardinado y porticado en uno de sus lados, nos conduce por el camino empedrado hasta una puerta con tejadillo que nos permite acceder a la zona visitable del convento a través de un antiguo zaguán donde se encuentra el locutorio del convento. Aquí se encuentra la taquilla desde donde podremos dirigirnos al claustro y a varias dependencias convertidas en museo:
CLAUSTRO
En el centro del monasterio se encuentra el claustro, cuya planta irregular llama poderosamente la atención. Esta singularidad se debe a que fue construido con posterioridad, adaptándose al trazado del antiguo palacio. Su planta pentagonal irregular cuenta con dos galerías superpuestas, ambas ricamente ornamentadas.
La galería inferior presenta esbeltas columnas que sostienen arcos rebajados, decorados con 23 medallones tallados en las enjutas —15 masculinos y 8 femeninos—. En el ala oeste se ha instalado una puerta de estilo mudéjar con bellos alicatados procedente del palacio de Juan Sánchez Sevillano. Tras el derrumbe de parte del monasterio en 1963, la puerta quedó reducida a escombros, lo que explica la pérdida de azulejos en varias zonas. Fue reconstruida sobre una estructura metálica y colocada en la planta baja del claustro como pieza museística.
Desde el centro del patio se obtiene la mejor perspectiva del claustro alto, que duplica el número de columnas de la galería inferior. Sobre los capiteles descansan zapatas pétreas profusamente decoradas con grutescos, que sostienen un dintel adornado con medallones, florones y escudos de la Orden de Predicadores. La cercanía entre las zapatas genera la ilusión óptica de falsos arcos.
Cada lado cuenta con 53 medallones, y se da la particularidad de que cada figura del exterior tiene su correspondencia en el interior, lo mismo que los florones y escudos. La lectura iconográfica comienza en la galería este, donde aparecen los precursores de Cristo —San Juan Bautista y el rey David—, así como mártires como San Lorenzo y San Bartolomé, además de otros santos. El lado sur se inicia con la escena de la Anunciación y continúa con representaciones de frailes dominicos —San Pedro Mártir y Santo Domingo— y apóstoles como San Andrés y Santiago peregrino. La galería oeste presenta siete medallones de difícil identificación por carecer sus figuras de atributos.
El acceso a la galería superior se realiza a través del museo, entrando al claustro por una puerta mudéjar con arco de herradura de ladrillo decorada con finos alicatados de colores blanco, verde y negro. Desde el corredor occidental se contempla la catedral, que se recorta majestuosa sobre el cielo de la ciudad. Capiteles y zapatas muestran una decoración exuberante en la que se entremezclan figuras humanas, animales, monstruos, seres híbridos, calaveras, ángeles y criaturas demoníacas. Sus escorzos y posturas forzadas aportan un notable dinamismo, reforzado por la expresividad de los rostros. Se desconoce la autoría del conjunto, aunque revela claras influencias italianas y afinidades con artistas como Juan de Juni y Alonso de Berruguete.
En el recorrido por el claustro alto se encuentra una pequeña sala dedicada a la memoria de Chikaba y una magnífica puerta de nogal procedente del Monasterio de Santa Catalina de Valladolid. Esta puerta llegó a Salamanca junto con las religiosas en 2014. Data del tercer cuarto del siglo XVI y presenta 24 compartimentos con relieves de santos.
MUSEO
El legado histórico‑artístico de Santa María de las Dueñas, formado tanto por donaciones como por encargos realizados por el propio convento, reúne una valiosa colección de pintura, escultura, marfiles —procedentes en parte de las expediciones de los dominicos en Filipinas—, piezas de orfebrería y obras textiles. Entre estas últimas destacan dos casullas donadas al monasterio por la Casa de Alba.
A la colección del convento se añaden las obras que trajeron consigo las religiosas procedentes del Monasterio de la Encarnación de Lejona en Bilbao en 2004 y las del Monasterio de Santa Catalina de Siena en Valladolid.
IGLESIA
La construcción de la iglesia se atribuye al fraile dominico fray Martín de Santiago, con la colaboración de Martín Navarro. Presenta una sola y estrecha nave de estilo gótico, cubierta por siete bóvedas de crucería de terceletes que descansan sobre ménsulas. A los pies, la nave se prolonga en el coro. El templo remata en un ábside recto presidido por un retablo rococó realizado en 1774.
El retablo consta de un gran cuerpo central articulado en tres calles, ático y banco. El ático está presidido por un relieve de Nuestra Señora de los Ángeles/la Consolación. En el camarín se conserva una Virgen sedente del siglo XVI, flanqueada por las imágenes de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán. En un retablo lateral se venera una delicada imagen de la Virgen de la Leche, también del siglo XVI.
El coro se separa de la iglesia mediante una gran reja de metal y en su interior mantiene la sillería de madera. En sus muros cuelgan varias tablas pintadas del siglo XVI y en una hornacina se conserva una preciosa Virgen de marfil.
En el exterior de la iglesia, de gran sobriedad, destaca únicamente la portada plateresca, del tipo de las suspendidas tan característico en Salamanca. El cuerpo bajo presenta una puerta con arco de medio punto y una rosca profusamente decorada con grutescos de estilo plateresco. A ambos lados, entre las pilastras, dos hornacinas albergaron las imágenes de San Francisco de Asís y santo Domingo de Guzmán. El segundo cuerpo incluye una hornacina que acoge una imagen de una Virgen sedente tallada en madera.