CASA DE LAS MUERTES
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Fue edificada en el primer tercio del siglo XVI por el arquitecto Juan de Álava y constituye un notable ejemplo del arte plateresco. Su fachada, de tipo suspendido, presenta similitudes con otras construcciones de la época en las que intervino este arquitecto. El nombre de la casa proviene de las cuatro calaveras esculpidas bajo las ventanas, elementos que han alimentado numerosas leyendas de tono macabro.
Dinteles, pilastras y cornisas se cubren de una rica decoración de grutescos platerescos. El dintel de la puerta muestra el escudo con el apellido del arquitecto, mientras que en el centro de la fachada destaca el retrato del arzobispo Fonseca, acompañado de la inscripción: Severísimo Fonseca Patriarca Alexandrino. Seis medallones completan la excepcional decoración de este singular edificio.
El interior, de propiedad privada, no se visita. En sus inmediaciones se encuentran algunos de los edificios más representativos del patrimonio salmantino, como el Palacio de Monterrey, el Convento de las Úrsulas o las iglesias de la Purísima y de la Vera Cruz.
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Dinteles, pilastras y cornisas se cubren de una rica decoración de grutescos platerescos. El dintel de la puerta muestra el escudo con el apellido del arquitecto, mientras que en el centro de la fachada destaca el retrato del arzobispo Fonseca, acompañado de la inscripción: Severísimo Fonseca Patriarca Alexandrino. Seis medallones completan la excepcional decoración de este singular edificio.
El interior, de propiedad privada, no se visita. En sus inmediaciones se encuentran algunos de los edificios más representativos del patrimonio salmantino, como el Palacio de Monterrey, el Convento de las Úrsulas o las iglesias de la Purísima y de la Vera Cruz.
El profesor Álvarez Villar fue el primero en atribuir la propiedad original del inmueble al arquitecto Juan de Álava, también conocido como Juan de Ibarra. Juan de Álava, de origen vasco, se estableció en Salamanca, donde alcanzó gran renombre como arquitecto. Participó en importantes obras de la ciudad, como la Catedral, la Universidad, el Colegio Fonseca o la iglesia de San Esteban. Contó con el mecenazgo del arzobispo de Santiago, Alonso de Fonseca III. Para él trabajó en el Colegio Fonseca, lo que explica el homenaje que le rinde en la fachada de su casa, al representar a su padre acompañado de la inscripción "Severísimo Fonseca, Patriarca Alejandrino".
La vivienda, construida entre 1512 y 1528, fue concebida como residencia personal del arquitecto. Su diseño y ornamentación no desmerecen frente a las casas de la nobleza de la época, con las que guarda notables similitudes. Este hecho convierte a Juan de Ibarra en una figura excepcional dentro del gremio, ya que no era habitual que un arquitecto, por muy prestigioso que fuera, alcanzara un estatus económico que le permitiera poseer una residencia de tal categoría en la España del siglo XVI. La fachada, único elemento conservado del edificio original, nos informa del apellido del propietario, de su oficio y de sus preferencias artísticas.
A su muerte, Juan de Álava dispuso ser enterrado en la vecina iglesia de Santa María de los Caballeros. La casa se mantuvo en manos de sus descendientes legítimos hasta la segunda mitad del siglo XVII, cuando pasa a ser propiedad de la iglesia. A finales del XVIII la fue adquirida por el doctor y presbítero Alejo Guillén, quién la lega a su ama, María Lozano. Tras el trágico asesinato de esta última, la propiedad cambió de manos en varias ocasiones, hasta que en la década de 1960 fue adquirida por la familia Blanco Cobaleda, actual propietaria del inmueble.
La vivienda, construida entre 1512 y 1528, fue concebida como residencia personal del arquitecto. Su diseño y ornamentación no desmerecen frente a las casas de la nobleza de la época, con las que guarda notables similitudes. Este hecho convierte a Juan de Ibarra en una figura excepcional dentro del gremio, ya que no era habitual que un arquitecto, por muy prestigioso que fuera, alcanzara un estatus económico que le permitiera poseer una residencia de tal categoría en la España del siglo XVI. La fachada, único elemento conservado del edificio original, nos informa del apellido del propietario, de su oficio y de sus preferencias artísticas.
A su muerte, Juan de Álava dispuso ser enterrado en la vecina iglesia de Santa María de los Caballeros. La casa se mantuvo en manos de sus descendientes legítimos hasta la segunda mitad del siglo XVII, cuando pasa a ser propiedad de la iglesia. A finales del XVIII la fue adquirida por el doctor y presbítero Alejo Guillén, quién la lega a su ama, María Lozano. Tras el trágico asesinato de esta última, la propiedad cambió de manos en varias ocasiones, hasta que en la década de 1960 fue adquirida por la familia Blanco Cobaleda, actual propietaria del inmueble.
La Casa de las Muertes se encuentra en el centro histórico de Salamanca, muy cerca de la Plaza Mayor. Se trata de uno de los espacios más sugerentes de la ciudad, en cuyo entorno se sitúan algunos de los monumentos más importantes de la ciudad.
Por su lado sur tiene como lindera la casa en la que vivió y murió el filósofo y escritor Miguel de Unamuno, conocida como Casa del Regidor Ovalle Prieto. Frente a ella, se encuentra el Convento de las Úrsulas, que alberga un interesante museo y el sepulcro de Alonso de Fonseca II, obra de Diego de Siloé. Próximo al convento, se encuentran la Capilla de la Vera Cruz y el Campo San Francisco, uno de los espacios verdes más bellos de la ciudad de Salamanca.
Por su lado sur tiene como lindera la casa en la que vivió y murió el filósofo y escritor Miguel de Unamuno, conocida como Casa del Regidor Ovalle Prieto. Frente a ella, se encuentra el Convento de las Úrsulas, que alberga un interesante museo y el sepulcro de Alonso de Fonseca II, obra de Diego de Siloé. Próximo al convento, se encuentran la Capilla de la Vera Cruz y el Campo San Francisco, uno de los espacios verdes más bellos de la ciudad de Salamanca.
La Casa de las Muertes debió construirse entre los años 1512 y 1528 como vivienda personal del arquitecto Juan de Álava. Este hecho explica la existencia en la fachada de los escudos del apellido Anunciabay -dos cabras empinadas a un espino comiendo frutos, sobre ondas de agua- . Estas armas corresponden a los Anuciabay, casa de la que dependía la de los Ibarra.
Del conjunto original, se conserva casi exclusivamente la fachada, construida en sillería de piedra arenisca de Villamayor. Se trata de un excepcional exponente del plateresco salmantino. De tipo estandarte, se distingue por su simetría, interrumpida únicamente por el balcón situado a la izquierda.
La puerta, situada en el centro, actúa como eje de simetría de la fachada. Sobre el dintel, finamente labrado, se encuentra el escudo del propietario inscrito en corona de laurel. A ambos lados, dos amorcillos alados cabalgan sobre delfines y portan compases, símbolo del oficio del propietario.
En el eje central de la fachada, a plomo sobre la puerta, se abre un balcón que antes fue ventana. Está flanqueado por pilastras decoradas con grutescos que se prolongan en arco peraltado decorado con querubines. El arco acoge el busto en altorrelieve del arzobispo Alonso de Fonseca II, acompañado por la inscripción ‘Severissimo Fonseca Patriarcha Alexandrino’. Bajo él, dos caballeros ataviados a la moda del siglo XVI le presentan un escudo con el apellido Anunciabay, quitándose uno de ellos el sobrero en señal de respeto.
En el segundo piso se abren dos ventanas, enmarcadas por pilastras y columnas que sostienen un entablamento. Sobre sus dinteles, flanqueados por putti, se despliega una rica decoración con animales fantásticos. Los pedestales de las columnas apean sobre cuatro calaveras o “muertes”, de las que recibe su nombre la casa.
Particular interés revisten los personajes representados en los seis medallones que adornan esta fachada. Los dos superiores, vestidos según la moda de la época, podrían representar al propio Álava y a alguno de sus hijos. Los inferiores muestran el busto de dos damas, posiblemente sus esposas. Flanqueando el balcón, dos medallones colgantes exhiben figuras masculinas vestidas a la manera romana. Realmente no se sabe a quién representan estos medallones, pero su calidad permite relacionarlos con los de la fachada de San Esteban y con los del claustro del Colegio del arzobispo Fonseca.
Remata la fachada una cornisa espléndidamente decorada con querubines alados, tan del gusto del Juan de Álava.
Del conjunto original, se conserva casi exclusivamente la fachada, construida en sillería de piedra arenisca de Villamayor. Se trata de un excepcional exponente del plateresco salmantino. De tipo estandarte, se distingue por su simetría, interrumpida únicamente por el balcón situado a la izquierda.
La puerta, situada en el centro, actúa como eje de simetría de la fachada. Sobre el dintel, finamente labrado, se encuentra el escudo del propietario inscrito en corona de laurel. A ambos lados, dos amorcillos alados cabalgan sobre delfines y portan compases, símbolo del oficio del propietario.
En el eje central de la fachada, a plomo sobre la puerta, se abre un balcón que antes fue ventana. Está flanqueado por pilastras decoradas con grutescos que se prolongan en arco peraltado decorado con querubines. El arco acoge el busto en altorrelieve del arzobispo Alonso de Fonseca II, acompañado por la inscripción ‘Severissimo Fonseca Patriarcha Alexandrino’. Bajo él, dos caballeros ataviados a la moda del siglo XVI le presentan un escudo con el apellido Anunciabay, quitándose uno de ellos el sobrero en señal de respeto.
En el segundo piso se abren dos ventanas, enmarcadas por pilastras y columnas que sostienen un entablamento. Sobre sus dinteles, flanqueados por putti, se despliega una rica decoración con animales fantásticos. Los pedestales de las columnas apean sobre cuatro calaveras o “muertes”, de las que recibe su nombre la casa.
Particular interés revisten los personajes representados en los seis medallones que adornan esta fachada. Los dos superiores, vestidos según la moda de la época, podrían representar al propio Álava y a alguno de sus hijos. Los inferiores muestran el busto de dos damas, posiblemente sus esposas. Flanqueando el balcón, dos medallones colgantes exhiben figuras masculinas vestidas a la manera romana. Realmente no se sabe a quién representan estos medallones, pero su calidad permite relacionarlos con los de la fachada de San Esteban y con los del claustro del Colegio del arzobispo Fonseca.
Remata la fachada una cornisa espléndidamente decorada con querubines alados, tan del gusto del Juan de Álava.