IGLESIA DE SAN CRISTÓBAL
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La iglesia de San Cristóbal fue fundada a mediados del siglo XII en el territorio de los repobladores toreses. Las dificultades para poblar la zona hicieron que fuese cedida a la Orden del Santo Sepulcro, pasando más tarde, tras la supresión de la citada orden, a la encomienda de San Juan de Jerusalén. Se trata de un templo de estilo románico que ha sufrido numerosas reformas a lo largo del tiempo. Tiene nave única, tres ábsides y característicos canecillos bajo el alero. Al exterior de la cabecera hay tumbas antropomorfas excavadas en la roca, restos de la antigua necrópolis medieval. En el año 2000 recibió el Premio Europa Nostra por la restauración.
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La iglesia de San Cristóbal se alza en lo alto del cerro del mismo nombre, en la zona oriental de la ciudad histórica. Con la repoblación de Salamanca, realizada por Raimundo de Borgoña en 1102, la ciudad se dividió en colaciones o parroquias, integradas por colonos de diversas procedencias. Este espacio, situado extramuros del primer recinto amurallado medieval, se adjudicó a los repobladores toreses. Más tarde, en 1147, el rey Alfonso VII ordenó levantar una nueva cerca para proteger los arrabales que habían surgido fuera de la muralla. El Cerro de San Cristóbal quedó así integrado dentro del nuevo recinto urbano, muy cerca de la puerta de Sancti Spíritus de la Cerca Nueva.
No existe unanimidad sobre la fecha de su fundación. Las últimas investigaciones remiten a una fecha próxima al año 1128, cuando, ante las dificultades para poblar este espacio de la ciudad, se entregó la iglesia a la Orden del Santo Sepulcro, con la obligación de repoblar la zona. Con la supresión de la Orden del Santo Sepulcro en 1489 su patrimonio fue incorporado, hasta el siglo XIX, a la encomienda de Paradinas de la Orden de San Juan de Jerusalén .
En el año 1844 la Iglesia de San Cristóbal fue agregada a la iglesia del Sancti Spíritus y más tarde, en 1887, se suprimió como parroquia. En 1918 se estableció en ella el Colegio de San José, en el que se impartió clase a los niños del barrio hasta los años 60, cuando el mal estado que presentaba el edificio obligó a clausurar el colegio. La degradación del templo alcanzó su momento culminante con el derrumbe de la bóveda de la nave en 1985. Es entonces cuando comienzan las obras de restauración que habrían de durar diez años. Cuando acabaron, en 1994, la iglesia había consolidado su estructura, saneado su fachada y elementos escultóricos. En su cabecera se descubrió una pequeña necrópolis excavada en la roca de la que pueden verse aún varias tumbas. La cuidada restauración recibió el Premio Europa Nostra a la protección del patrimonio arquitectónico en el año 2000.
No existe unanimidad sobre la fecha de su fundación. Las últimas investigaciones remiten a una fecha próxima al año 1128, cuando, ante las dificultades para poblar este espacio de la ciudad, se entregó la iglesia a la Orden del Santo Sepulcro, con la obligación de repoblar la zona. Con la supresión de la Orden del Santo Sepulcro en 1489 su patrimonio fue incorporado, hasta el siglo XIX, a la encomienda de Paradinas de la Orden de San Juan de Jerusalén .
En el año 1844 la Iglesia de San Cristóbal fue agregada a la iglesia del Sancti Spíritus y más tarde, en 1887, se suprimió como parroquia. En 1918 se estableció en ella el Colegio de San José, en el que se impartió clase a los niños del barrio hasta los años 60, cuando el mal estado que presentaba el edificio obligó a clausurar el colegio. La degradación del templo alcanzó su momento culminante con el derrumbe de la bóveda de la nave en 1985. Es entonces cuando comienzan las obras de restauración que habrían de durar diez años. Cuando acabaron, en 1994, la iglesia había consolidado su estructura, saneado su fachada y elementos escultóricos. En su cabecera se descubrió una pequeña necrópolis excavada en la roca de la que pueden verse aún varias tumbas. La cuidada restauración recibió el Premio Europa Nostra a la protección del patrimonio arquitectónico en el año 2000.
En el entorno de la plaza, además de la iglesia, se conservan algunos elementos patrimoniales de interés:
NECRÓPOLIS MEDIEVAL
Durante las sucesivas reformas de la plazuela salieron a la luz una serie de tumbas antropomorfas excavadas en la roca, restos de la primitiva necrópolis medieval asociada a la iglesia. Pueden verse algunas de ellas al exterior de la cabecera del templo y en el interior, en la zona del altar mayor, un cristal que permite ver el suelo rocoso original y varias tumbas.
ESCALERA EMPEDRADA
En las reformas efectuadas en la plaza en los años noventa se respetó e integró en la plazuela una antigua escalera realizada con cantos rodados. Esta escalera, de la que se desconoce su origen, salvaba el gran desnivel que tiene la plaza en su zona oeste, donde la ladera desciende con acusada pendiente hasta el Arroyo de Santo Domingo (hoy encauzado bajo la Gran Vía).
ERMITA DE LA MISERICORDIA
En la parte baja de la plaza se encontraba la Ermita de La Misericordia. Esta ermita se construyó a finales del siglo XIV como albergue y hospital para peregrinos; dos siglos después, pasó a ser sede de una cofradía que asistió a los condenados a muerte hasta finales del siglo XIX.
El edificio fue reconstruido en el siglo XVIII, y de esa época es su portada principal. La espadaña barroca que coronaba la fachada fue trasladada en 1916 a la vieja parroquia del barrio de Pizarrales.
La ermita acogió durante años el cine parroquial vinculado al Colegio de San José, establecido en la Iglesia de San Cristóbal en la primera mitad del siglo XX. Desde los años sesenta hasta 2018 ha sido utilizada como imprenta y en la actualidad se restaura para ser reconvertida en apartamentos turísticos.
ESCULTURA DE SAN CRISTÓBAL
La plaza situada en el entorno del templo fue reformada en los años noventa, colocándose entonces en el centro de los jardines una escultura de bronce dedicada a San Cristóbal. Fue realizada por Valeriano Hernández Fraile en 1997. La escultura, de 2,40m., se eleva sobre un pedestal de granito. Representa al santo como un hombre vigoroso y gigantesco, en actitud de transportar al Niño Jesús hasta la otra orilla del río.
NECRÓPOLIS MEDIEVAL
Durante las sucesivas reformas de la plazuela salieron a la luz una serie de tumbas antropomorfas excavadas en la roca, restos de la primitiva necrópolis medieval asociada a la iglesia. Pueden verse algunas de ellas al exterior de la cabecera del templo y en el interior, en la zona del altar mayor, un cristal que permite ver el suelo rocoso original y varias tumbas.
ESCALERA EMPEDRADA
En las reformas efectuadas en la plaza en los años noventa se respetó e integró en la plazuela una antigua escalera realizada con cantos rodados. Esta escalera, de la que se desconoce su origen, salvaba el gran desnivel que tiene la plaza en su zona oeste, donde la ladera desciende con acusada pendiente hasta el Arroyo de Santo Domingo (hoy encauzado bajo la Gran Vía).
ERMITA DE LA MISERICORDIA
En la parte baja de la plaza se encontraba la Ermita de La Misericordia. Esta ermita se construyó a finales del siglo XIV como albergue y hospital para peregrinos; dos siglos después, pasó a ser sede de una cofradía que asistió a los condenados a muerte hasta finales del siglo XIX.
El edificio fue reconstruido en el siglo XVIII, y de esa época es su portada principal. La espadaña barroca que coronaba la fachada fue trasladada en 1916 a la vieja parroquia del barrio de Pizarrales.
La ermita acogió durante años el cine parroquial vinculado al Colegio de San José, establecido en la Iglesia de San Cristóbal en la primera mitad del siglo XX. Desde los años sesenta hasta 2018 ha sido utilizada como imprenta y en la actualidad se restaura para ser reconvertida en apartamentos turísticos.
ESCULTURA DE SAN CRISTÓBAL
La plaza situada en el entorno del templo fue reformada en los años noventa, colocándose entonces en el centro de los jardines una escultura de bronce dedicada a San Cristóbal. Fue realizada por Valeriano Hernández Fraile en 1997. La escultura, de 2,40m., se eleva sobre un pedestal de granito. Representa al santo como un hombre vigoroso y gigantesco, en actitud de transportar al Niño Jesús hasta la otra orilla del río.
La iglesia de San Cristóbal, se alza sobre un terreno elevado y rocoso. Está rodeada por un murete de piedra en el que se abre una escalinata por la que se accede al templo. La fundación tuvo lugar en la primera mitad del siglo XII. Sin embargo, las características del templo que contemplamos hoy delatan que fue edificado entre la segunda mitad de ese siglo y mediados del XIII, habiendo experimentado profundas transformaciones a lo largo de los siglos. Fue construida íntegramente en sillería de arenisca de Villamayor, en la que se grabaron numerosas marcas de cantero.
Se trata de una iglesia con planta de cruz latina, de una sola nave y cabecera con tres ábside, formada por una capilla mayor semicircular y dos capillas laterales de testero plano. El templo contaba originalmente con una torre campanario situada a los pies de la nave. En el siglo XVIII, esta se derrumbó y cayó sobre la nave, lo que obligó a su reconstrucción. A esa reforma parece corresponder la portada septentrional, en la que se aprovecharon sillares con flores inscritas en círculos de la primitiva fachada románica.
En el exterior, el ábside central presenta un zócalo de sillería que asienta sobre un afloramiento rocoso en el que se excavó una necrópolis medieval de tumbas antropomorfas. El muro se articula en tres paños por medio de pilastras que llegan hasta la cornisa. Los tres ábsides se rematan con cornisas ajedrezadas sustentadas por canecillos que se decoran con diversos motivos: cabeza de jabalí, águila bicéfala, personaje con barril sobre la espalda, arpías, cruces, rollos, bolas, etc. Los restantes muros están rematados por cornisas en nacela que, en el caso de la capilla del evangelio y el crucero, están decoradas por grupos de cabezas antropomorfas de factura muy tosca. Los canecillos del alero norte de la nave fueron colocados en la restauración del siglo XX, procedentes del material de relleno encontrado en el interior.
INTERIOR
En el interior, la capilla mayor se cubre con bóveda de horno, mientras que el presbiterio lo hace con bóveda de medio cañón. Las capillas laterales se cubren con bóveda de cañón y se abren a los respectivos brazos meridional y septentrional del transepto a través de arcos de medio punto. La nave tuvo originalmente bóveda de cañón pero, tras el derrumbe de la torre en el siglo XVII, se vino abajo y fue sustituida por una techumbre de madera.
En la decoración interior destacan algunas líneas de imposta con ajedrezado y palmetas inscritas en círculos. La mayoría de las cestas de los capiteles se decoran con elementos vegetales, con hojas de acanto esquemáticas, volutas, piñas, etc., destacando uno de ellos con un complicado sogueado entre el que asoman las cabezas de dos leones. Los cimacios de los capiteles presentan aros entrelazados y flores de tres hojas inscritas en círculos.
CRISTO DE LOS CARBONEROS
De especial interés resulta el crucifijo conocido como “Cristo de los Carboneros”. Se trata de una talla realizada en madera policromada, hoy repintada, que muestra a Cristo sujeto con cuatro clavos a una cruz lisa. Presenta los ojos cerrados y la cabeza peina larga melena que cae tras las orejas, distribuyéndose en forma de mechones sobre los hombros. La anatomía es esquemática, con las costillas muy marcadas. Se data en los inicios del siglo XIII.
RELIEVE DEL SANTO ENTIERRO
Empotrado en el muro de la capilla de la epístola hay un magnífico altorrelieve de piedra que representa el Santo Entierro de Cristo, obra de 1624 del escultor Pedro Hernández.
Se trata de una iglesia con planta de cruz latina, de una sola nave y cabecera con tres ábside, formada por una capilla mayor semicircular y dos capillas laterales de testero plano. El templo contaba originalmente con una torre campanario situada a los pies de la nave. En el siglo XVIII, esta se derrumbó y cayó sobre la nave, lo que obligó a su reconstrucción. A esa reforma parece corresponder la portada septentrional, en la que se aprovecharon sillares con flores inscritas en círculos de la primitiva fachada románica.
En el exterior, el ábside central presenta un zócalo de sillería que asienta sobre un afloramiento rocoso en el que se excavó una necrópolis medieval de tumbas antropomorfas. El muro se articula en tres paños por medio de pilastras que llegan hasta la cornisa. Los tres ábsides se rematan con cornisas ajedrezadas sustentadas por canecillos que se decoran con diversos motivos: cabeza de jabalí, águila bicéfala, personaje con barril sobre la espalda, arpías, cruces, rollos, bolas, etc. Los restantes muros están rematados por cornisas en nacela que, en el caso de la capilla del evangelio y el crucero, están decoradas por grupos de cabezas antropomorfas de factura muy tosca. Los canecillos del alero norte de la nave fueron colocados en la restauración del siglo XX, procedentes del material de relleno encontrado en el interior.
INTERIOR
En el interior, la capilla mayor se cubre con bóveda de horno, mientras que el presbiterio lo hace con bóveda de medio cañón. Las capillas laterales se cubren con bóveda de cañón y se abren a los respectivos brazos meridional y septentrional del transepto a través de arcos de medio punto. La nave tuvo originalmente bóveda de cañón pero, tras el derrumbe de la torre en el siglo XVII, se vino abajo y fue sustituida por una techumbre de madera.
En la decoración interior destacan algunas líneas de imposta con ajedrezado y palmetas inscritas en círculos. La mayoría de las cestas de los capiteles se decoran con elementos vegetales, con hojas de acanto esquemáticas, volutas, piñas, etc., destacando uno de ellos con un complicado sogueado entre el que asoman las cabezas de dos leones. Los cimacios de los capiteles presentan aros entrelazados y flores de tres hojas inscritas en círculos.
CRISTO DE LOS CARBONEROS
De especial interés resulta el crucifijo conocido como “Cristo de los Carboneros”. Se trata de una talla realizada en madera policromada, hoy repintada, que muestra a Cristo sujeto con cuatro clavos a una cruz lisa. Presenta los ojos cerrados y la cabeza peina larga melena que cae tras las orejas, distribuyéndose en forma de mechones sobre los hombros. La anatomía es esquemática, con las costillas muy marcadas. Se data en los inicios del siglo XIII.
RELIEVE DEL SANTO ENTIERRO
Empotrado en el muro de la capilla de la epístola hay un magnífico altorrelieve de piedra que representa el Santo Entierro de Cristo, obra de 1624 del escultor Pedro Hernández.