IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA DE BARBALOS
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La iglesia de San Juan Bautista de Barbalos fue fundada en el territorio de los repobladores castellanos por los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén. Sus características inducen a pensar que fue construida entre finales del siglo XII y principios del XIII. Es una pequeña iglesia de carácter rural, con una sola nave y cabecera semicircular románica. Debe su nombre a su advocación a San Juan Bautista y al pueblo de Barbalos, donde la orden de San Juan tenía amplias posesiones.
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En torno a la iglesia de San Juan Bautista, o de Barbalos, se formó uno de los muchos arrabales o pueblas que surgieron fuera de la Cerca Vieja a lo largo del siglo XII. Este territorio, situado al norte de la ciudad, fue ocupado por los repobladores castellanos, que construyeron en este espacio las iglesias de La Magdalena, Santa María de los Caballeros, San Marcos o San Boal. Tras la orden de Alfonso VII de levantar una nueva muralla que protegiese los arrabales, la iglesia quedó situada intramuros, muy cerca de la Puerta de Villamayor.
La historiografía local señala que la fundación fue realizada mediados del siglo XII (1139 según unos o 1150 según otros) por los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, a la que perteneció hasta el siglo XIX. Encima de la puerta norte hay una inscripción en la que se informa de que la iglesia fue consagrada por el obispo Gonzalo Fernández en 1201, fecha que probablemente alude al momento en el que se terminaba la iglesia. Aunque estaba dedicada a San Juan Bautista fue más conocida por Barbalos por la encomienda que la Orden poseía en este pequeño pueblo, situado al sur de Salamanca.
Con la supresión de las Ordenes Militares y la reorganización parroquial de finales del siglo XIX pasó a ser parroquia ordinaria.
La historiografía local señala que la fundación fue realizada mediados del siglo XII (1139 según unos o 1150 según otros) por los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, a la que perteneció hasta el siglo XIX. Encima de la puerta norte hay una inscripción en la que se informa de que la iglesia fue consagrada por el obispo Gonzalo Fernández en 1201, fecha que probablemente alude al momento en el que se terminaba la iglesia. Aunque estaba dedicada a San Juan Bautista fue más conocida por Barbalos por la encomienda que la Orden poseía en este pequeño pueblo, situado al sur de Salamanca.
Con la supresión de las Ordenes Militares y la reorganización parroquial de finales del siglo XIX pasó a ser parroquia ordinaria.
La iglesia de San Juan de Barbalos es un valioso ejemplo del arte románico salmantino. Está construida íntegramente en sillería de arenisca y aún conserva buena parte de su estructura original. Presenta un ábside semicircular, con profundo presbiterio, ligeramente más ancho que la cabecera. Tiene nave única, estrecha y alargada, con torre a los pies. Esta fue parcialmente desmontada a finales del siglo XIX, por lo que hoy sólo conserva el primer cuerpo de la estructura original.
En el exterior destaca el ábside semicircular, dividido en tres paños por columnas adosadas. En cada paño se abre un ventanal abocinado con arco de medio punto que descansan sobre columnas con capiteles con decoración vegetal. La cornisa apea sobre una variada serie de canecillos, algunos de ellos figurados, que recorren también la nave.
Tiene tres portadas, dos abiertas en las naves y otra a los pies, bajo la torre. La fachada norte mantiene la portada original que, en su momento, conectaba la iglesia con el desaparecido claustro. La reforma llevada a cabo a finales del siglo XVIII tuvo un impacto significativo en la fachada sur, donde se alteró la portada original y se sustituyeron las ventanas románicas por otras de forma rectangular.
A los pies aún se mantiene el cuerpo bajo de la torre, contemporánea del resto del edificio. En ella se abre una puerta de arco apuntado que penetra en la iglesia por medio de un túnel abovedado. Tuvo un claustro románico en su lado norte, del que historiador Gómez Moreno aún vio restos in situ a principios del siglo XX.
Merece especial atención el conjunto de canecillos que soportan los aleros. En total se han contabilizado setenta y ocho canecillos, muchos de ellos fruto de intervenciones posteriores. Predominan los de proa de barco y los que tienen motivos vegetales. Los hay con cabezas humanas, de animales y de seres diabólicos; un atlante, un contorsionista y dos juglares tocando instrumentos musicales.
En el interior, el ábside está cubierto por una bóveda de horno, mientras que el presbiterio presenta una bóveda de cañón apuntado precedida por un arco triunfal. La nave, por su parte, se remata con una moderna armadura de madera.
En el exterior destaca el ábside semicircular, dividido en tres paños por columnas adosadas. En cada paño se abre un ventanal abocinado con arco de medio punto que descansan sobre columnas con capiteles con decoración vegetal. La cornisa apea sobre una variada serie de canecillos, algunos de ellos figurados, que recorren también la nave.
Tiene tres portadas, dos abiertas en las naves y otra a los pies, bajo la torre. La fachada norte mantiene la portada original que, en su momento, conectaba la iglesia con el desaparecido claustro. La reforma llevada a cabo a finales del siglo XVIII tuvo un impacto significativo en la fachada sur, donde se alteró la portada original y se sustituyeron las ventanas románicas por otras de forma rectangular.
A los pies aún se mantiene el cuerpo bajo de la torre, contemporánea del resto del edificio. En ella se abre una puerta de arco apuntado que penetra en la iglesia por medio de un túnel abovedado. Tuvo un claustro románico en su lado norte, del que historiador Gómez Moreno aún vio restos in situ a principios del siglo XX.
Merece especial atención el conjunto de canecillos que soportan los aleros. En total se han contabilizado setenta y ocho canecillos, muchos de ellos fruto de intervenciones posteriores. Predominan los de proa de barco y los que tienen motivos vegetales. Los hay con cabezas humanas, de animales y de seres diabólicos; un atlante, un contorsionista y dos juglares tocando instrumentos musicales.
En el interior, el ábside está cubierto por una bóveda de horno, mientras que el presbiterio presenta una bóveda de cañón apuntado precedida por un arco triunfal. La nave, por su parte, se remata con una moderna armadura de madera.
En el interior del templo se conservan varias imágenes datadas en los siglos XII, XV y XVI. La más interesante, por su antigüedad, es la del Cristo de la Zarza.
CRISTO DE LA ZARZA
Crucifijo de estilo románico, esculpido en madera de nogal, con una altura de 1,97 metros. Sus características remiten al siglo XII. Se trata de una imagen hierática, de talla tosca y proporciones poco armoniosas, carente de detalles anatómicos elaborados. La cabeza, alargada y de gran tamaño, muestra un rostro anguloso con ojos pequeños y abiertos, boca entreabierta, barba densa recortada de forma simétrica, y una melena larga que cae en mechones uniformes sobre los hombros. En lo alto de la cabeza se dibuja un cerco que atestigua la existencia en su día de una corona real. Tiene cuatro clavos y largo paño femoral que le llega hasta las rodillas.
La Cruz no es la original, perdida en el siglo pasado cuando el Cristo fue arrinconado en las dependencias parroquiales y luego llevado al Museo Provincial, donde todavía se encontraba en 1956.
El resto de las imágenes,
• Virgen de las Guindas, imagen gótica del siglo XV, con el niño desnudo sentado sobre su brazo derecho en ademán de coger tres guindas o cerezas que le ofrece su madre.
• La Virgen del Rosario, San Juan Bautista y un Crucifijo situado en el altar mayor son ya del siglo XVI.
CRISTO DE LA ZARZA
Crucifijo de estilo románico, esculpido en madera de nogal, con una altura de 1,97 metros. Sus características remiten al siglo XII. Se trata de una imagen hierática, de talla tosca y proporciones poco armoniosas, carente de detalles anatómicos elaborados. La cabeza, alargada y de gran tamaño, muestra un rostro anguloso con ojos pequeños y abiertos, boca entreabierta, barba densa recortada de forma simétrica, y una melena larga que cae en mechones uniformes sobre los hombros. En lo alto de la cabeza se dibuja un cerco que atestigua la existencia en su día de una corona real. Tiene cuatro clavos y largo paño femoral que le llega hasta las rodillas.
La Cruz no es la original, perdida en el siglo pasado cuando el Cristo fue arrinconado en las dependencias parroquiales y luego llevado al Museo Provincial, donde todavía se encontraba en 1956.
El resto de las imágenes,
• Virgen de las Guindas, imagen gótica del siglo XV, con el niño desnudo sentado sobre su brazo derecho en ademán de coger tres guindas o cerezas que le ofrece su madre.
• La Virgen del Rosario, San Juan Bautista y un Crucifijo situado en el altar mayor son ya del siglo XVI.