MERCADO DE ABASTOS
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El Mercado Central de Salamanca, se encuentra en la Plaza del Mercado, junto a la Plaza Mayor, con la que se comunica visualmente a través del arco del Toro o de San Fernando. Es el mercado de abastos más antiguo de la ciudad. Fue construido entre los años 1899 y 1907 por el arquitecto jerezano Joaquín de Vargas y Aguirre, el mismo arquitecto al que se debe la Casa de Lis. Sigue el modelo de los mercados de Les Halles parisinos, que fueron la referencia para muchos de los mercados europeos de la época. Hoy día su visita es obligada en toda ruta turística por Salamanca, ya que además de la belleza del edificio, en él se pueden adquirir los productos típicos de la provincia de Salamanca, como el Jamón de Guijuelo, la carne de Morucha, el queso de los Arribes y las lentejas de La Armuña.
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Precio visita libre
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Salamanca contó desde el siglo XII con mercados en los que los ciudadanos se abastecían de todo tipo de productos. El primer mercado del que se tienen noticias fue el del Azogue Viejo, situado en el entorno de la Catedral Vieja. Por esa misma época surgió otro gran mercado en la zona norte, en la Plaza de San Martín. Sus dimensiones fueron tales que llegó a ser considerado “el más grande de la cristiandad”. Durante el siglo XVIII, se erigió en este espacio la actual Plaza Mayor. El mercado principal se trasladó a la zona oriental de la antigua Plaza de San Martín, que pasó a denominarse Plaza de la Verdura. A finales del siglo XIX, en este mismo lugar se edificó el actual mercado cubierto, consolidando su función comercial.
La construcción del Mercado de Abastos de Salamanca se enmarca en el amplio debate surgido en el siglo XIX sobre la modernización urbana a través de la realización de nuevas infraestructuras. En ese contexto, se puso especial énfasis en la mejora de las conducciones de agua y la canalización de aguas residuales, así como en la creación de mercados cerrados y bien ventilados que garantizaran condiciones óptimas para la venta de productos frescos. El Mercado de Salamanca se inscribe dentro de la tradición de los grandes mercados europeos, inspirados en el modelo de los Halles de París (1854-1866). En España, ciudades como Madrid, Barcelona y Valladolid ya disponían desde hacía años de este tipo de mercados.
Como sus predecesores, el edificio sigue los postulados de la arquitectura del hierro del siglo XIX. Sin embargo, su tardía construcción podría explicar el uso limitado de cerramientos metálicos, dando prioridad a los muros macizos realizados con granito y ladrillo. En aquellos años, comenzaba a cuestionarse la eficacia del hierro desde una perspectiva higiénica.
Se encargó el proyectó al arquitecto Joaquín de Vargas y Aguirre, mientras que la estructura metálica fue realizada en Madrid. La ejecución de la obra, fijada en dos años, se alargó durante once años debido a la falta de presupuesto y a los problemas urbanísticos que surgieron con los propietarios de los edificios de la fachada norte de la plaza, los llamados Portales del Pan.
Tras la retirada de los tradicionales cajones de madera que albergaban los puestos del mercado, las obras comenzaron en 1899 y se prolongaron hasta 1907. Durante este extenso periodo, los comerciantes se vieron obligados a distribuir sus puestos por diversas plazas de la ciudad. La plaza de San Julián acogió los cajones de verduras y hortalizas, mientras que la de San Justo fue destinada a los pescados. El resto de los puestos se ubicaron en la Plaza del Peso, Santa Eulalia, la Plaza de la Libertad y la de Anaya, conformando mercados provisionales hasta la finalización de las obras.
El Mercado de Abastos abrió sus puertas oficialmente en 1909, pero su interior ya había sido descubierto por los ciudadanos dos años antes, durante la Exposición Regional de 1907. En aquel evento, el recinto albergó secciones dedicadas a la industria y a las Bellas Artes, ofreciendo a los visitantes un adelanto de lo que sería este emblemático espacio.
A lo largo de los años, varios proyectos de remodelación urbana propusieron la demolición del mercado, algo que, afortunadamente, nunca se concretó. Por el contrario, desde finales del siglo XX, se han llevado a cabo importantes reformas en sus instalaciones, incluyendo la modernización de los puestos de venta y la restauración de sus fachadas exteriores. En la restauración llevada a cabo en 2019, se instalaron vidrieras de estilo Art Déco en puertas y ventanas, se restauraron las rejas históricas y se realizó una limpieza integral de la fachada. Gracias a estas mejoras, el Mercado Central de Abastos se ha consolidado como un atractivo turístico imprescindible para quienes desean conocer los excelentes productos de la provincia de Salamanca.
La construcción del Mercado de Abastos de Salamanca se enmarca en el amplio debate surgido en el siglo XIX sobre la modernización urbana a través de la realización de nuevas infraestructuras. En ese contexto, se puso especial énfasis en la mejora de las conducciones de agua y la canalización de aguas residuales, así como en la creación de mercados cerrados y bien ventilados que garantizaran condiciones óptimas para la venta de productos frescos. El Mercado de Salamanca se inscribe dentro de la tradición de los grandes mercados europeos, inspirados en el modelo de los Halles de París (1854-1866). En España, ciudades como Madrid, Barcelona y Valladolid ya disponían desde hacía años de este tipo de mercados.
Como sus predecesores, el edificio sigue los postulados de la arquitectura del hierro del siglo XIX. Sin embargo, su tardía construcción podría explicar el uso limitado de cerramientos metálicos, dando prioridad a los muros macizos realizados con granito y ladrillo. En aquellos años, comenzaba a cuestionarse la eficacia del hierro desde una perspectiva higiénica.
Se encargó el proyectó al arquitecto Joaquín de Vargas y Aguirre, mientras que la estructura metálica fue realizada en Madrid. La ejecución de la obra, fijada en dos años, se alargó durante once años debido a la falta de presupuesto y a los problemas urbanísticos que surgieron con los propietarios de los edificios de la fachada norte de la plaza, los llamados Portales del Pan.
Tras la retirada de los tradicionales cajones de madera que albergaban los puestos del mercado, las obras comenzaron en 1899 y se prolongaron hasta 1907. Durante este extenso periodo, los comerciantes se vieron obligados a distribuir sus puestos por diversas plazas de la ciudad. La plaza de San Julián acogió los cajones de verduras y hortalizas, mientras que la de San Justo fue destinada a los pescados. El resto de los puestos se ubicaron en la Plaza del Peso, Santa Eulalia, la Plaza de la Libertad y la de Anaya, conformando mercados provisionales hasta la finalización de las obras.
El Mercado de Abastos abrió sus puertas oficialmente en 1909, pero su interior ya había sido descubierto por los ciudadanos dos años antes, durante la Exposición Regional de 1907. En aquel evento, el recinto albergó secciones dedicadas a la industria y a las Bellas Artes, ofreciendo a los visitantes un adelanto de lo que sería este emblemático espacio.
A lo largo de los años, varios proyectos de remodelación urbana propusieron la demolición del mercado, algo que, afortunadamente, nunca se concretó. Por el contrario, desde finales del siglo XX, se han llevado a cabo importantes reformas en sus instalaciones, incluyendo la modernización de los puestos de venta y la restauración de sus fachadas exteriores. En la restauración llevada a cabo en 2019, se instalaron vidrieras de estilo Art Déco en puertas y ventanas, se restauraron las rejas históricas y se realizó una limpieza integral de la fachada. Gracias a estas mejoras, el Mercado Central de Abastos se ha consolidado como un atractivo turístico imprescindible para quienes desean conocer los excelentes productos de la provincia de Salamanca.
Ubicado en la actual Plaza del Mercado, frente a los Soportales de San Antonio, el Mercado Central de Salamanca es un gran edificio situado en medio de la plaza a la que da nombre. Tiene dos pisos de altura. Su planta, casi cuadrangular, mide 40 x 44 metros, lo que le confiere una superficie total de 1.760 metros cuadrados. La estructura es de hierro, mientras que en su cerramiento exterior combina sillería de granito con paramentos de ladrillo visto, hierro y cristal. Esta diversidad de materiales le aporta una notable riqueza cromática.
El exterior del mercado se compone de tres cuerpos superpuestos. En la base, un sólido zócalo de granito sostiene un cuerpo intermedio de ladrillo, sobre el cual se eleva la estructura superior. Esta última presenta grandes arcadas de fundición, con cierres acristalados y persianas fijas de hierro, que rodean la parte alta del edificio, permitiendo una óptima iluminación y ventilación natural.
Tiene cubierta a cuatro aguas en dos niveles, unidos por un lucernario perimetral que permite la entrada de luz y ventilación. Toda la estructura de la cubierta apoya sobre doce grandes columnas de fundición de más de 12 metros de altura. El resultado es un espacio amplio y diáfano, sin compartimentaciones.
Las vías de circulación parten de las puertas de entrada y se cruzan en el centro formando una rotonda o plazuela para la que Vargas proyectó una fuente con escultura que no llegó a realizarse. Otra calle periférica circunda todo el espacio.
En la decoración se aprecian influencias clásicas en la puerta principal, que se estructura a modo de arco de triunfo romano, y en la galería con vanos de medio punto que recorre todo el perímetro del cuerpo principal.
El exterior del mercado se compone de tres cuerpos superpuestos. En la base, un sólido zócalo de granito sostiene un cuerpo intermedio de ladrillo, sobre el cual se eleva la estructura superior. Esta última presenta grandes arcadas de fundición, con cierres acristalados y persianas fijas de hierro, que rodean la parte alta del edificio, permitiendo una óptima iluminación y ventilación natural.
Tiene cubierta a cuatro aguas en dos niveles, unidos por un lucernario perimetral que permite la entrada de luz y ventilación. Toda la estructura de la cubierta apoya sobre doce grandes columnas de fundición de más de 12 metros de altura. El resultado es un espacio amplio y diáfano, sin compartimentaciones.
Las vías de circulación parten de las puertas de entrada y se cruzan en el centro formando una rotonda o plazuela para la que Vargas proyectó una fuente con escultura que no llegó a realizarse. Otra calle periférica circunda todo el espacio.
En la decoración se aprecian influencias clásicas en la puerta principal, que se estructura a modo de arco de triunfo romano, y en la galería con vanos de medio punto que recorre todo el perímetro del cuerpo principal.