PLAZA DE TOROS DE LA GLORIETA
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Se trata de la tercera plaza de toros construida en Salamanca a lo largo del siglo XIX. Fue inaugurada el 11 de septiembre de 1893. En su estilo se mezclan distintas tendencias artísticas así como materiales tan diversos como el ladrillo, la piedra de Villamayor y el hierro. Los principales festejos taurinos que se celebran en ella tienen lugar en septiembre, durante las Ferias y Fiestas de la Virgen de la Vega.
En la explanada situada frente a la entrada principal de la Plaza de Toros de Salamanca, se alza un conjunto escultórico que rinde homenaje a destacados toreros estrechamente vinculados a la ciudad. Entre estas obras se encuentran las dedicadas a Julio Robles, El Viti o el Niño de la Capea.
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En la explanada situada frente a la entrada principal de la Plaza de Toros de Salamanca, se alza un conjunto escultórico que rinde homenaje a destacados toreros estrechamente vinculados a la ciudad. Entre estas obras se encuentran las dedicadas a Julio Robles, El Viti o el Niño de la Capea.
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La arraigada tradición taurina de Salamanca queda patente en los diversos espacios que, a lo largo de los siglos, han acogido la celebración de las corridas de toros. Ya desde la Edad Media se tiene constancia de la celebración de festejos en la Plaza de San Martín. A partir del siglo XVIII, la actual Plaza Mayor tomaría el relevo, convirtiéndose en escenario de estas celebraciones desde mediados de ese siglo XVIII hasta bien entrado el XIX. Durante ese último siglo, los salmantinos fueron testigos de la construcción de tres plazas de toros en un lapso de tiempo de poco más de cincuenta años. La primera plaza, erigida en 1840, se ubicaba en el Campo de San Francisco; la segunda estuvo en funcionamiento entre 1864 y 1892 en las inmediaciones de la Puerta de Zamora. La tercera, que es la que ahora nos ocupa, se construyó a finales del XIX al norte de la ciudad, entre las carreteras de Valladolid y Fuentesaúco.
La idea de construir una nueva plaza de toros surgió de una conversación entre un grupo de comerciantes y ganaderos, tertulianos habituales del Café Suizo. Rápidamente se unieron a la iniciativa 215 familias, lo que hizo que se conociese como “la plaza de las 200 familias”. Adquiriendo un solar a las afueras de la ciudad, al final del Paseo de la Glorieta, de donde la plaza tomaría el nombre de La Glorieta.
El edificio fue proyectado por Mariano Carderera, arquitecto que había proyectado con anterioridad la plaza de toros del Puerto de Santa María, y fue ejecutado por el maestro de obras Cecilio González Domingo. Las obras comenzaron en mayo de 1892 y avanzaron a tan buen ritmo que el coso pudo ser inaugurado en las ferias de septiembre de 1893. Fue una de las plazas de rotos más grandes de la época, con capacidad para unas 11.000 personas.
Ese coso es un símbolo arquitectónico y un reflejo de la identidad cultural de la provincia y su arraigada tradición ganadera y taurina. Fue restaurada en 1993 con ocasión de su centenario. En la actualidad la Plaza de Toros de Salamanca está catalogada como plaza de 2ª categoría, a pesar de lo cual tiene gran relevancia dentro del panorama taurino nacional dada la importancia ganadera del Campo Charro. El coso tiene en la actualidad un aforo para 11.000 personas.
La idea de construir una nueva plaza de toros surgió de una conversación entre un grupo de comerciantes y ganaderos, tertulianos habituales del Café Suizo. Rápidamente se unieron a la iniciativa 215 familias, lo que hizo que se conociese como “la plaza de las 200 familias”. Adquiriendo un solar a las afueras de la ciudad, al final del Paseo de la Glorieta, de donde la plaza tomaría el nombre de La Glorieta.
El edificio fue proyectado por Mariano Carderera, arquitecto que había proyectado con anterioridad la plaza de toros del Puerto de Santa María, y fue ejecutado por el maestro de obras Cecilio González Domingo. Las obras comenzaron en mayo de 1892 y avanzaron a tan buen ritmo que el coso pudo ser inaugurado en las ferias de septiembre de 1893. Fue una de las plazas de rotos más grandes de la época, con capacidad para unas 11.000 personas.
Ese coso es un símbolo arquitectónico y un reflejo de la identidad cultural de la provincia y su arraigada tradición ganadera y taurina. Fue restaurada en 1993 con ocasión de su centenario. En la actualidad la Plaza de Toros de Salamanca está catalogada como plaza de 2ª categoría, a pesar de lo cual tiene gran relevancia dentro del panorama taurino nacional dada la importancia ganadera del Campo Charro. El coso tiene en la actualidad un aforo para 11.000 personas.
La Plaza de Toros de Salamanca es un bello ejemplo del estilo neomudéjar que caracteriza muchas plazas taurinas de su época. Sus arcos de herradura, el ladrillo visto y sus detalles ornamentales le otorgan una estética singular que le ha valido formar parte del patrimonio histórico de la ciudad. La restauración de 1993 respetó ese espíritu original, incorporando algunas comodidades sin perder su esencia.
En su estructura destaca la articulación exterior a base de galerías superpuestas de hierro, lo que le dota de gran esbeltez y ligereza. En sus muros exteriores resalta el contraste cromático derivado del empleo del ladrillo, como material de cierre de los muros, y de la piedra dorada de Villamayor, en esquinas, recerco de vanos e impostas.
El edificio adopta una planta circular, con un perímetro exterior de 88 metros y uno interior de 50 metros. De esta estructura sobresalen siete pabellones donde se ubican las puertas de acceso, concebidas como arcos de triunfo. Entre ellos sobresale, por su tamaño y ubicación, el pabellón principal, orientado hacia la ciudad.
Al exterior los muros se articulan en tres niveles superpuestos. Sobre un piso inferior de arcos rebajados se alzan dos niveles adicionales, recorridos por galerías sostenidas por esbeltas columnas de hierro fundido, elaboradas en los históricos talleres salmantinos de Moneo. Estas galerías, además de facilitar la circulación, refuerzan la sensación de ligereza y dotan al edificio de un notable refinamiento estructural. En el interior se repite la disposición de doble galería en hierro fundido: la inferior, adintelada, presenta zapatas y capiteles inspirados en motivos nazaríes; la superior se caracteriza por sus arcos de herradura, enmarcados por alfices y decorados con celosías en las enjutas, evocando la tradición arquitectónica andalusí.
Fuera del ruedo, se encuentran las dependencias funcionales del recinto: corrales, chiqueros, patio de cuadrillas y patio de arrastre, esenciales para el desarrollo de los espectáculos taurinos.
En su estructura destaca la articulación exterior a base de galerías superpuestas de hierro, lo que le dota de gran esbeltez y ligereza. En sus muros exteriores resalta el contraste cromático derivado del empleo del ladrillo, como material de cierre de los muros, y de la piedra dorada de Villamayor, en esquinas, recerco de vanos e impostas.
El edificio adopta una planta circular, con un perímetro exterior de 88 metros y uno interior de 50 metros. De esta estructura sobresalen siete pabellones donde se ubican las puertas de acceso, concebidas como arcos de triunfo. Entre ellos sobresale, por su tamaño y ubicación, el pabellón principal, orientado hacia la ciudad.
Al exterior los muros se articulan en tres niveles superpuestos. Sobre un piso inferior de arcos rebajados se alzan dos niveles adicionales, recorridos por galerías sostenidas por esbeltas columnas de hierro fundido, elaboradas en los históricos talleres salmantinos de Moneo. Estas galerías, además de facilitar la circulación, refuerzan la sensación de ligereza y dotan al edificio de un notable refinamiento estructural. En el interior se repite la disposición de doble galería en hierro fundido: la inferior, adintelada, presenta zapatas y capiteles inspirados en motivos nazaríes; la superior se caracteriza por sus arcos de herradura, enmarcados por alfices y decorados con celosías en las enjutas, evocando la tradición arquitectónica andalusí.
Fuera del ruedo, se encuentran las dependencias funcionales del recinto: corrales, chiqueros, patio de cuadrillas y patio de arrastre, esenciales para el desarrollo de los espectáculos taurinos.
En la explanada situada frente a la entrada principal de la Plaza de Toros de Salamanca, se alza un conjunto escultórico que rinde homenaje a destacados toreros nacidos o estrechamente vinculados a la ciudad. Entre estas obras se encuentran las dedicadas a:
- Santiago Martín "El Viti" (obra de Narcisa Vicente Rodríguez, 2000)
- Pedro Gutiérrez Moya, "Niño de la Capea" (Fernando Mayoral, 2003)
- Julio Robles (Salvador Amaya, 2003)
- Paco Pallarés (Salvador Amaya, 2008)
- José Falcón (Amable Diego, 1986)
En la cercana Glorieta de El Viti se sitúa otro monumento emblemático: un imponente toro de lidia en bronce sobre un pedestal cilíndrico de granito. A ambos lados del pedestal se disponen relieves en bronce que ilustran las distintas fases de una corrida, convirtiendo la pieza en un homenaje visual a la esencia del toreo.