CONVENTO DE LAS ÚRSULAS
10 minutosEn uno de los rincones más encantadores del casco antiguo de Salamanca se alza el Convento de la Anunciación, más conocido como Convento de las Úrsulas. Su origen se remonta a finales del siglo XV, cuando Doña Sancha Maldonado fundó un pequeño monasterio para religiosas franciscanas. Años después, una bula del papa Sixto IV lo rebautizó como monasterio de la Anunciación.
El edificio que vemos hoy se debe al mecenazgo del arzobispo Alonso de Fonseca, sobrino de la fundadora. A finales del siglo XV decidió ampliar el convento y ubicar en él su capilla panteón funerario. Las obras se prolongaron hasta bien entrado el siglo XVI, y aunque no se sabe con certeza quiénes fueron los arquitectos, se cree que intervinieron mestros del foco hispanoflamenco toledano y más tarde, Juan de Álava.
La iglesia, de una sola nave y estilo gótico, sorprende por sus bellímas bóvedas de crucería estrellada y su elegante ábside poligonal rematado con crestería calada, conocido como El Torreón de las Úrsulas. En su interior destaca una auténtica joya del Renacimiento: el sepulcro de Alonso de Fonseca, tallado en mármol blanco de Macael por Diego de Siloé, considerado uno de los conjuntos funerarios más bellos del Renacimiento. El retablo actual, Barroco y del siglo XVIII, sustituyó al original de Siloé, cuyas tablas pintadas por Juan de Borgoña aún se conservan en el museo del convento.
El Convento de la Anunciación, conocido popularmente como Las Úrsulas, es uno de los monumentos más destacados del patrimonio salmantino. Fue fundado a finales del siglo XV por doña Sancha Maldonado, como casa para religiosas ursulinas. La comunidad creció con rapidez, lo que hizo necesaria una ampliación del conjunto. Esa reforma fue impulsada por Alonso II de Fonseca, arzobispo de Santiago y sobrino de la fundadora, quien decidió transformar el espacio para acoger a religiosas franciscanas y, al mismo tiempo, establecer allí su panteón familiar. Desde entonces, el convento pasó a albergar a monjas de la Tercera Orden de San Francisco, iniciándose una etapa de gran relevancia artística y arquitectónica.
La documentación confirma que la comunidad femenina ya estaba presente en Salamanca en 1471 y que las obras de la iglesia estaban en marcha en 1486. A la muerte del promotor, en 1512, el edificio aún no estaba concluido, por lo que fue su hijo, Alonso III de Fonseca, arzobispo de Santiago y luego de Toledo, quien se encargó de finalizar la construcción, completar el artesonado del coro y contratar el retablo con Juan de Borgoña y el sepulcro con Diego de Siloe. Este último reformó además las constituciones del monasterio, restringiendo el acceso únicamente a mujeres pertenecientes a los linajes Fonseca, Acevedo, Ulloa y Maldonado, lo que convirtió el convento en un espacio prácticamente cerrado a otras familias.
En abril de 2018 las siete últimas religiosas que vivían aquí fueron trasladadas a otros monasterios y el convento cerró sus puertas, después de cinco siglos de historia. La comunidad nunca alcanzó el máximo previsto de cincuenta religiosas. El año 2019, gracias a la labor de la Fundación Las Edades del Hombre, el convento abrió sus puertas como museo, permitiendo al público admirar obras de artistas como Juan de Borgoña, Luis de Morales y Diego de Siloé, artífice de la tumba del arzobispo Fonseca. En la actualidad el convento permanece cerrado a la espera de que se le de un nuevo destino.
El monasterio de las Úrsulas es uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura religiosa salmantina del tránsito entre los siglos XV y XVI. Combina con gran armonía el gótico final, el primer Renacimiento y elementos mudéjares y constituye un testimonio excepcional del mecenazgo de los Fonseca, una de las familias más influyentes de la Salamanca renacentista.
El diseño de la iglesia responde a su doble función de templo monacal y espacio funerario. Presenta una sola nave, sin capillas laterales y un doble coro —alto y bajo— situado a los pies, reservado para la comunidad religiosa.
Desde el exterior se aprecia un escalonamiento de volúmenes que asciende desde las dependencias conventuales hasta la cabecera, que se eleva como un torreón medieval dominando el entorno. La capilla mayor, de planta poligonal, se concibió como un espacio autónomo destinado a acoger el sepulcro exento del fundador. Sus altos muros se sostienen mediante esbeltos contrafuertes coronados por pináculos, entre los que discurre una delicada crestería tardogótica. Gárgolas con animales fantásticos, pomas y los escudos de Fonseca, Acevedo, Ulloa y Maldonado completan la decoración del ábside, subrayando el carácter nobiliario del patronato.
La fachada sur presenta tres puertas: dos gemelas que dan acceso a la iglesia y una tercera, más sencilla, que comunica con el convento. Las puertas gemelas, barrocas, fueron realizadas en el siglo XVIII por Jerónimo García de Quiñones. La primera muestra el escudo de Fonseca con la Cruz Patriarcal; la segunda, el del Conde de Monterrey, virrey de Nápoles. Las metopas y cartelas incorporan iconografía mariana y franciscana, como las Cinco Llagas. La puerta conventual, más austera, está coronada por una delicada escultura gótica de un ángel sosteniendo el escudo arzobispal.
En el interior, la capilla mayor es el espacio más monumental del conjunto. Concebida como panteón familiar, alberga en el centro el sepulcro de Alonso II de Fonseca. Se organiza en un tramo recto y un ochavo profundo, con lucillos abiertos en los muros que probablemente funcionaron como sepulturas. Se cubre con una bóveda de crucería estrellada con combados, cuya clave principal muestra el escudo de los Fonseca. En los paños del ochavo destacan grandes escudos con los cuatro apellidos del fundador: Acevedo, Fonseca, Ulloa y Maldonado.
El retablo mayor, de estilo barroco y del que destaca el relieve de la Anunciación, es obra de Miguel Martínez, discípulo de Andrés García de Quiñones. Sustituyó al original renacentista encargado por Fonseca III a Juan de Borgoña, del que se conservan varias tablas en el museo.
El Sepulcro del arzobispo Alonso de Fonseca (1529), situado en el centro de la cabecera, fue realizado por Diego de Siloe. Tallado en mármol de Macael, se decora con medallones que representan La Anunciación y a Santiago en la batalla de Clavijo, además de evangelistas, niños con escudos y leones alados. Un zócalo con querubines sostiene la figura yacente del arzobispo. En la nave se encuentra también el sepulcro de Francisco de Ribas, mayordomo del patriarca.
La nave, correspondiente a una fase constructiva posterior, presenta bóvedas de crucería y pilares baquetonados que ascienden sin interrupción hasta las bóvedas, en un lenguaje próximo al de Juan de Álava. En el centro se conservan dos pilares adosados decorados con grutescos —delfines, dragones, figuras humanas y motivos vegetales—, cercanos al repertorio ornamental de la Universidad y del Colegio Fonseca.
El coro bajo se cubre con dos magníficos artesonados policromados que combinan elementos mudéjares y renacentistas, en donde se exponen, desmontadas, las tablas de Juan de Borgoña que formaron parte del retablo original de la iglesia.
El convento posee dos claustros, siendo el más notable el Claustro de las Flores. El actual corresponde a la reforma realizada hacia 1790 por Jerónimo García de Quiñones, en la que se reutilizaron los antepechos con tracerías góticas del claustro primitivo. A este espacio se abren la Capilla de la Divina Pastora, con una vidriera hispanoflamenca que representa la Coronación de la Virgen, y la Sala Capitular, cuya portada se enmarca con arcos de contracurvas coronados por escudos de los Fonseca.