CONVENTO DE LAS ÚRSULAS

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En uno de los rincones más encantadores del casco antiguo de Salamanca se alza el Convento de la Anunciación, más conocido como Convento de las Úrsulas. Su origen se remonta a finales del siglo XV, cuando Doña Sancha Maldonado fundó un pequeño monasterio para religiosas franciscanas. Años después, una bula del papa Sixto IV lo rebautizó como monasterio de la Anunciación.

El edificio que vemos hoy se debe al mecenazgo del arzobispo Alonso de Fonseca, sobrino de la fundadora. A finales del siglo XV decidió ampliar el convento y ubicar en él su capilla panteón funerario. Las obras se prolongaron hasta bien entrado el siglo XVI, y aunque no se sabe con certeza quiénes fueron los arquitectos, se cree que intervinieron mestros del foco hispanoflamenco toledano y más tarde, Juan de Álava.

La iglesia, de una sola nave y estilo gótico, sorprende por sus bellímas bóvedas de crucería estrellada y su elegante ábside poligonal rematado con crestería calada, conocido como El Torreón de las Úrsulas. En su interior destaca una auténtica joya del Renacimiento: el sepulcro de Alonso de Fonseca, tallado en mármol blanco de Macael por Diego de Siloé, considerado uno de los conjuntos funerarios más bellos del Renacimiento. El retablo actual, Barroco y del siglo XVIII, sustituyó al original de Siloé, cuyas tablas pintadas por Juan de Borgoña aún se conservan en el museo del convento.

El Convento de las Úrsulas se sitúa en un área donde la proliferación de casas señoriales, iglesias y fundaciones religiosas muestran la pujanza de la nobleza y del alto clero en la Salamanca del Renacimiento y del Barroco. En este contexto, las Úrsulas refleja el poder de la familia Fonseca, uno de los linajes más influyentes de la ciudad durante los siglos XV al XVII. Su mecenazgo contribuyó decisivamente a transformar el paisaje urbano, y dio lugar a algunos de los monumentos más representativos de la ciudad.

Los Fonseca desarrollaron en Salamanca una gran actividad edilicia. Entre sus obras figuran la iglesia de San Benito y el propio monasterio de las Úrsulas, promovidos por Alonso II de Fonseca, que representa el inicio del mecenazgo de la familia y su voluntad de consolidar un linaje asociado al poder espiritual.

El Colegio del Arzobispo Fonseca amplió esta influencia al ámbito intelectual y humanista, mientras que el Palacio de Monterrey, una de las grandes obras del Renacimiento español, proyectó la grandeza civil del linaje. Ya en el siglo XVII, la Iglesia de la Purísima, fundada por Manuel de Zúñiga y Fonseca, consolidó su influencia artística más allá del Renacimiento,incorporando modelos italianos y un lenguaje plenamente barroco.

El entorno monumental de las Úrsulas, enriquecido por las fundaciones del mismo linaje, permite comprender cómo la arquitectura se convirtió en un instrumento de representación y prestigio para una de las familias más poderosas de la ciudad. Su intervención no fue aislada: configuró un amplio espacio de la ciudad, atrajo a artistas de primer nivel y contribuyó a que Salamanca se convirtiera en un referente artístico del Renacimiento y el Barroco en España.

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Convento
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