IGLESIA DE SAN BENITO
30 minutosSu esbelta torre le da aspecto de fortaleza medieval. De hecho, fue sede de uno de los bandos de nobles rivales en los que se dividió la ciudad a finales del siglo XV. De su primitiva estructura románica no se conserva nada. Fue totalmente reconstruida a principios del siglo XVI por iniciativa del arzobispo de Santiago, don Alonso de Acevedo y Fonseca. Destaca su portada, de estilo gótico flamígero y en su interior, las tumbas de nobles pertenecientes la familia Maldonado.
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La parroquia de San Benito fue fundada a principios del siglo XII por gentes procedentes del sur de Francia, conocidos como “gaellici”. Llegaron a la ciudad con la repoblación medieval y se asentaron en la zona extramuros de la primera muralla medieval, muy cerca de la Puerta del Sol.
La iglesia acogió y dio nombre al “Bando de San Benito”, uno de los dos bandos de nobles en los que se dividió la ciudad de Salamanca a finales de la Edad Media. Todavía hoy, una de las campanas de la torre recibe el nombre de la de “Los Bandos”. Las disputas y enfrentamientos con el Bando de Santo Tomé marcaron algunos de los episodios más sangrientos de la historia de la ciudad, entre ellos la legendaria historia de María la Brava y el papel decisivo de San Juan de Sahagún en la pacificación de los bandos.
Varios de los palacios cercanos a la iglesia pertenecieron a miembros de la familia Maldonado, quienes hicieron de este templo su panteón funerario. Asimismo, el Arzobispo Fonseca II, descendiente por línea materna de una rama de los Maldonado, tuvo su residencia familiar en la actual Calle de la Compañía, en la esquina con la Calle Cañizal. Fue bautizado en esta iglesia y, tras la destrucción del templo románico por un incendio, ordenó su reconstrucción entre los años 1506-1511.
Funcionó como parroquia hasta la reforma parroquial de finales del siglo XIX, cuando pasó a ser aneja de la Iglesia de la Purísima. Se cedió entonces a los salesianos para que en ella enseñaran la doctrina a los hijos de los obreros. En 1939 se pensó en derribarla por encontrarse parte de sus bóvedas en ruina, pero gracias al clamor popular en contra de su desaparición, finalmente fue restaurada y abierta al culto.
En la actualidad es la sede canónica de la Seráfica Hermandad del Cristo de la Agonía.
La portada se abre en la fachada meridional, encajada entre dos contrafuertes, y protegida por un tejadillo al que sostiene una columna renacentista. Sorprende al visitante su rica decoración de estilo gótico flamígero en contraste con la planitud y sobriedad de los muros de la iglesia. Luce arco carpanel y queda enmarcada entre dos pilastras rematadas en pináculos ricamente decorados. Sobre el arco carpanel se suceden una serie de arcos superpuestos con rica decoración de cardinas, cogollos y animalillos. Destaca en ella una bellísima escena de la Anunciación con el Arcángel Gabriel y la Virgen acogidos en sendos arcos conopiales. Preside la escena la figura de Dios Padre. La composición se completa con los blasones de Fonseca y Acevedo, apellidos principales del Arzobispo Fonseca II.
A finales del siglo XVII José de Churriguera recibió el encargo de construir una capilla camarín para acoger la imagen de Nuestra Señora del Socorro. Al exterior la ventana del camarín se abre entre dos contrafuertes enmarcados por pilastras decoradas con flores, frutos y hojarascas.
INTERIOR
El interior, de una sola nave, es amplio y diáfano, sin columnas que dificulten la contemplación del altar mayor. La cabecera, más estrecha que la nave, es poligonal. Tiene bóvedas de crucería estrellada cuyos arcos descansan sobre ménsulas tardogóticas, ornadas con bolas, cardinas y una liebre en una de ellas. La ausencia de columnas adosadas a los paramentos permitió aprovechar al máximo la superficie de los muros para abrir lucillos funerarios. Sin embargo, la falta de columnas o pilastras que contrarrestaran el peso de las bóvedas provocó numerosos problemas de estabilidad y obligó a construir enormes contrafuertes en el exterior del templo.
EL RETABLO
La iglesia contó con un retablo renacentista tallado en madera. A finales del siglo XVIII, ante la amenaza de ruina de la capilla mayor, decidieron sustituirlo por otro realizado en piedra que sustentase la bóveda.
El retablo pétreo es obra neoclásica de Eustaquio Román y está pintado imitando mármol. Se estructura en dos cuerpos, separados por un entablamento de triglifos y metopas. En el primer cuerpo las dos calles laterales acogen las esculturas de San Benito y San Antonio Abad. La calle central alberga una capilla camarín con una imagen moderna de la Inmaculada que sustituye a la anterior Virgen del Socorro. La calle central del cuerpo superior lo ocupa un calvario de madera de principios del XVI, flanqueado por las esculturas de San Pablo Ermitaño y San Joaquín. El Calvario procede del desaparecido retablo de la Capilla de San Jerónimo de la Universidad de Salamanca y fue cedido a la parroquia finales del siglo XVIII. Se discute su autoría, atribuyéndole unos a Gil de Ronza y otros a Diego de Siloé. El ático presenta dos pinturas laterales con el tema de la Anunciación y en la calle central la escena de la Coronación de la Virgen.
USO FUNERARIO DE LA IGLESIA
La Iglesia de San Benito se convirtió en el panteón funerario de los Maldonado, muchos de los cuales tenían sus palacios en la Plaza de San Benito o en sus inmediaciones. La tipología de todas las tumbas responde a la modalidad de arcosolio embutido en el muro, de esta forma no se obstaculizaba la visión del altar mayor y permitía dotar a la iglesia de mayor capacidad.
En la capilla mayor hay dos bellos sepulcros dentro de lucillos. En el del lado del evangelio descansa Arias Pérez Maldonado, viste armadura y tiene paje a los pies. En el de la epístola, con vestimenta del tiempo de los Reyes Católicos. Entre los numerosos sepulcros cabe destacar el de Don Rodrigo Maldonado de Monleón. Ese noble se adueñó del Castillo de Monleón y mantenía sometidos a sus habitantes, quienes, desesperados, recurrieron al rey Fernando el Católico en busca de ayuda. El monarca capturó a Maldonado y, ante la firme negativa de su esposa a devolver la fortaleza, ordenó levantar un patíbulo frente al castillo para ajusticiarlo. Finalmente, los ocupantes cedieron y entregaron el castillo al rey.