RESTOS DE LA IGLESIA DE SAN POLO Y MURALLA
20 minutosEl edificio original, de estilo románico-mudéjar, fue profundamente reformado en el siglo XVI. Mantuvo su función parroquial hasta mediados del siglo XIX, cuando su avanzado estado de deterioro obligó a trasladar el culto a la iglesia del convento de San Esteban, cuyos frailes habían sido expulsados durante la Desamortización de Mendizábal. Tras el regreso de los dominicos, la parroquia se trasladó nuevamente, en esta ocasión a la iglesia del convento de los Trinitarios, que desde entonces pasó a denominarse iglesia de San Pablo.
A finales del siglo XX, el solar de la antigua iglesia fue ocupado por un hotel. Previamente, se realizaron intervenciones arqueológicas que permitieron recuperar parte de los restos del templo, hoy integrados como espacio visible dentro del propio establecimiento.
Frente a la iglesia se conserva uno de los tramos mejor preservados de la Cerca Vieja, donde destaca un imponente torreón circular. Desde este punto parte, hacia el este, un lienzo de la Cerca Nueva, en el que antaño se abría la Puerta de San Pablo. Esta segunda muralla englobó la Iglesia de San Polo, continuando su trazado hasta la Puerta Nueva.
El entorno urbano en el que se situaba era un espacio degradado, con callejuelas sin empedrar, tenerías, mataderos de ganado, mesones de dudosa reputación y población marginal. A esta situación se añadía la proximidad del Arroyo de Santo Domingo, que recogía aguas negras e inmundicias del vecindario antes de desembocar en el Tormes.
Debido a las frecuentes riadas del Tormes, la iglesia sufrió numerosas reformas. En 1529 fue ampliada por orden del arcediano Francisco Sánchez de Palenzuela. El culto se mantuvo hasta 1840, cuando, por el deplorable estado del edificio, se trasladó a la Iglesia de San Esteban, cuyos frailes habían sido expulsados durante la Desamortización de Mendizábal. A finales del siglo XIX, con el regreso de los padres dominicos al Convento de San Esteban, la parroquia pasó a la iglesia del Convento de los Trinitarios, que desde entonces se conoció como Iglesia de San Pablo. La estructura del viejo templo fue entonces reaprovechada e integrada en una casa de vecinos.
En 1983, el Ayuntamiento de Salamanca adquirió los restos de la primitiva iglesia de San Polo con el objetivo de recuperar las ruinas. Entre 1983 y 1984 se realizaron excavaciones arqueológicas y trabajos de restauración. Se localizó la cota original del templo, situada muy por debajo de la rasante actual de la calle, y se conservaron los muros y arcos mudéjares de ladrillo que aún permanecían en pie. También se recuperaron el torreón con sus baldosas primitivas de barro cocido y parte del suelo de pizarra del siglo XII. En el entorno aparecieron siete sarcófagos de piedra de Villamayor, pizarras con inscripciones del siglo XVI y otros restos de interés.
En 1994, durante la construcción de un hotel en el solar colindante, salieron a la luz los tres ábsides románicos, completando así la planta original de la iglesia. En las últimas intervenciones se descubrieron dos esculturas de santos en las esquinas de la fachada occidental, que representan a San Pedro y San Pablo.
Las ruinas del templo son en la actualidad un espacio público con los ábsides parcialmente integradas en el hotel San Polo. Para acceder a las ruinas se construyeron escalinatas de acceso de granito con muretes laterales de ladrillo. Un pequeño entorno ajardinado junto a las ruinas de San Polo aportó una entrada digna a la ciudad.
Los restos de la Iglesia de San Polo constituyen la única muestra conservada de arquitectura mudéjar en Salamanca. Se ubican al inicio de la calle San Pablo y, desde 1994, forman parte de un hotel. En el conjunto pueden distinguirse con claridad dos fases constructivas: la fábrica mudéjar original, realizada en ladrillo y piedra, y la fachada occidental con su torre, ambas levantadas en el siglo XVI con piedra de Villamayor. Ya en el siglo XIX el edificio se encontraba en ruinas, aunque conservaba más elementos que los que han llegado a la actualidad.
Tal como aún puede observarse in situ, el templo fue construido mayoritariamente en ladrillo, reservándose la piedra de Villamayor para los zócalos y algunos elementos ornamentales, como los capiteles. La iglesia contaba con tres naves separadas por pilares de ladrillo que estuvieron coronados por capiteles de piedra. En las excavaciones realizadas en 1992, aparecieron dos capiteles decorados con hojas de acanto y cimacios con rosetas inscritas en círculos. La cabecera estaba formada por tres ábsides semicirculares: los ábsides se cubrían con bóvedas de cuarto de esfera, los presbiterios con bóvedas de medio cañón y las naves con armadura de madera. Un dibujo anónimo de mediados del siglo XIX muestra que los ábsides estaban decorados con bandas de arquerías ciegas superpuestas.
En la actualidad se conservan los basamentos de los tres ábsides de la cabecera, construidos con fábrica mixta de ladrillo y piedra arenisca. Destaca especialmente el arco de acceso a la capilla meridional, formado por una triple arquivolta ligeramente apuntada, sobre la que se eleva una arquería de tres arcos.
La fachada meridional presenta una portada muy restaurada, con arco apuntado y arquivoltas de nacela, enmarcada por un tejaroz y pilastras que actúan como alfiz. Sobre ella se abren tres vanos y un friso de esquinillas.
En 1529 el templo experimentó una profunda transformación financiada por el prelado Sánchez de Palenzuela, promotor de la Capilla Dorada de la Catedral Nueva. Sus escudos, timbrados con capelo, aún lo recuerdan. Bajo su mecenazgo se levantó la fachada occidental, que conserva un acceso con arco de medio punto y una torre de mampostería reforzada con sillares en las esquinas, donde también figuran sus armas. Hasta el siglo XIX, esta fachada albergó una treintena de estatuas de santos apoyadas en ménsulas góticas, hoy desaparecidas. En intervenciones recientes se localizaron dos esculturas en las esquinas de la fachada occidental, identificadas como San Pedro y San Pablo.
La iglesia de San Polo se levantó a los pies de la primera muralla medieval de Salamanca. Se trata de un enclave excepcional para comprender la evolución del recinto defensivo de la ciudad. En este punto, la muralla —que en su flanco sur discurre paralela a la actual Avenida del Rector Esperabé en sentido oeste‑este— cambia de sentido para tomar dirección norte bordeando el Teso de las Catedrales.
Frente a nosotros se conserva uno de los tramos mejor preservados de la Cerca Vieja, donde destaca un imponente torreón circular. Desde este punto parte, hacia el este, un lienzo de la Cerca Nueva, en el que antaño se abría la Puerta de San Pablo. Esta segunda muralla englobó la Iglesia de San Polo, continuando su trazado hasta la Puerta Nueva.
La rehabilitación del entorno de las murallas ha permitido recuperar la apariencia original de varios de estos lienzos medievales, transformando el espacio en un valioso atractivo turístico y cultural para la ciudad.